Vienen tiempos mejores por Manuel Avila

Cuando en política comienzan a aparecer fotos de los personajes políticos en su soledad se decantan las situaciones y empieza a verse la cara de la derrota. No es un secreto que toda la estructura de AD se vino con Morel junto a la tarjeta blanca y eso descuadró el equipo que tuvo el Gobernador en su tienda reeleccionista.

No quedó nadie de valía de la tolda blanca con el Gobernador y solo de piezas sueltas de los otros partidos acompañan a un candidato a la reelección que se perdió entre polvaredas y tiros al aire.

No es tonta le gente de Nueva Esparta para apostar a un candidato que perdió cuatro años levando nasas vacías sin resolver los problemas fundamentales de la gente y soñando con un populismo que lo lleve de nuevo a la silla asuntina. Eso pasó en Margarita con un mandatario encumbrado que estuvo haciendo guantes con el Protector mientras que la gente se mascaba un cable para su sobrevivencia. A los insulares le quedó el sabor a coco al votar por el mandatario regional en busca de soluciones a sus penurias económicas y sociales y nada se hizo por solventar los problemas de la gente. Eso sí se ocupó de una batalla fratricida con el Protector para defender el hueso gubernamental, pero con una gobernación cerrada y la mayoría de los trabajadores inconformes por sus salarios y arropados por la crisis, no se pudo realizar una gestión de cara a la gente.

La presencia de dirigentes alejados de la realidad política que se fueron al exterior a mordisquear la tragedia nacional y a descansar del mundanal ruido de las barriadas es parte de las actuaciones de una Unidad Superior que se quedó solo en espejismos de la salvación nacional.

Pretender justificar su paso por el poder con argumentos repetidos como la falta de presupuesto y la imagen difuminada de un Protector que hizo con el Gobernador un binomio de la destrucción regional es parte de la tragedia de una gobernanza insular que no encontró soportes importantes para darle resultados a la población neoespartana.

En ese tejemaneje político transcurrieron 4 años de no hacer nada y mientras el Protector decidió una lucha cuerpo a cuerpo en el ring con el Gobernador para imponer su juego de la nada, al de Conejeros solo le tocó difuminarse en la mar de la inoperancia oficial. Pero mientras todo eso ocurría la vialidad, los hospitales, la seguridad, el aseo urbano, la electricidad, el gas, las comunicaciones y la calidad de vida de los neoespartanos se limitaban a los bonos y las bolsas clap. Y si no recuerdan les traigo a la mente la lucha por la Corporación de salud de Nueva Esparta, la lucha por el manejo de los desechos sólidos y tantos disparates que al final dejaron a la región con un servicio de aseo irregular y con la red de salud vuelta papelillos.

Cuando Nueva Esparta era una de las regiones de mayor proyección con el arribo de por lo menos 66 aviones diarios aterrizando y despegando de suelos insulares, con cruceros llegando a Margarita por el Puerto del Guamache y con una flota de ferris operando a su máxima capacidad estuvimos en los tiempos de Morel Gobernador. Eso si la vialidad estaba impecable, los cuerpos policiales funcionaban en equipo y coordinados para garantizar seguridad a residentes y visitantes.  Eran los tiempos cuando la red hospitalaria funcionaba en buenas condiciones y se resolvían los casos de operaciones y tratamientos a los pacientes en las instituciones públicas.

Con ese panorama desolador la gobernanza se volvió trizas y los neoespartanos se dedicaron a ver de cerca la lucha por el poder entre el Gobernador y el Protector a ver quién resultaba ganador. Pero el perdedor fue Nueva Esparta que en los últimos 9 años vio desmoronarse toda la obra de la democracia con la red hospitalaria colapsada y los servicios públicos inoperantes, la red vial destruida, la policía aturdida por la crisis, el aseo urbano de lo peor y el turismo se fue a la quiebra porque la gente decidió no volver a Margarita.

A Porlamar le tocó la peor parte al bajar las santamarías casi todo el comercio y pasó a convertirse en una ciudad fantasma, abandonada y sin posibilidades de redención social. Ante esa calamidad los porlamarenses colgaron los guantes para ver pasar el ataúd del desastre gerencial de los últimos tiempos. En estos momentos cuando pasa la tempestad y se viene el 21 N como el instrumento para cambiar de dirección se presenta la dupla Morel y el Chino González como un equipo de trabajo para devolver a la Ciudad su mejor traje con una gestión que le permita a la Ciudad Marinera recuperar su prestigio comercial y el sueño de volver a tener los ciudadanos que le pongan empeño a la salvación de este importante espacio insular.

Vienen tiempos de sueños y esperanzas con una Margarita y una isla de Coche en buenas manos y realizando políticas destinadas a recomponer el futuro de la región. Eso es lo que quieren los ciudadanos y por eso las encuestas abren las compuertas de un ciudadano empeñado en tener calidad de vida y gobernantes empeñados en tejer una visión de futuro que nos haga una mejor región.

Encíclica/ManuelAvila

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