Esa Porlamar maltratada por Manuel Avila

Destruyeron a Porlamar en cuarenta años. La volvieron polvo cósmico. Le molieron sus entrañas y dejaron a sus hijos caminando a tientas en medio de las tinieblas de una Ciudad herida de muerte por la falta de gerencia. Esa Porlamar de los techos rojos, de la Iglesia San Nicolás de Bari, del Faro de la Puntilla, del Fray Elías Sendra, de la Ronda de Narváez, del Museo “Francisco Narváez” y de tantos recuerdos milenarios regados por sus calles.

Mataron a palos el urbanismo y los rasgos patrimoniales de una Ciudad Marinera que quedó convertida en una especie de pueblo fantasma donde ni las angoletas de la Plaza Bolívar, ni los alcatraces de la bahía se oyeron más nunca en los predios de un espacio comercial de grandes recuerdos.

Los gritos de Juancho Colorado, los gorgoteos de Melania, los sonidos guturales de Juanita La Tumba Gobiernos, los discursos enrevesados de Pin “Trompa e` hierro” y tantos quejidos de los trabajadores del muelle, del mercado y de las tiendas del Puerto Libre. Acabaron con la Porlamaridad me dijeron a un solo tono el Pollo Gustavo y EL Caimán Jorge, los hijos de Gustavo Ramos. Eso mismo me ratificó Luzardo López y más atrás Kalica Martínez movía la cabeza como un filósofo de la vieja escuela. Y Lichito López gritó con fuerzas traidores a quienes mancillaron a su ciudad y Mundito Encinas lanzó verbos de movimiento para defender la ciudad que tanto amó Carmen Verde, su padre el doctor Encinas y su ductor Raimundo Verde Rojas. Y Arturo Millán lanzó misiles verbales contra los que llenaron bolsas y sacos de dinero a costillas de esa Porlamar que duele.

Lo lamentable es que los hijos de Porlamar dejaron que los políticos se apoderaran de la vetusta ciudad para volverla trizas ante los ojos de sus propios herederos. Dejaron a los políticos hacer de las suyas para bombardear con ordenanzas mal elaboradas el futuro de una Ciudad perdida en un mar de improvisaciones que los caciquitos que llegaron a estos predios a maltratar a la Ciudad Comercial hicieran los que les viniera en ganas.

Así se fue demoliendo de a poquito las huellas patrimoniales de Porlamar y los alcaldes y concejales con su habilidad metieron a los cronistas de Mariño en el círculo de la gobernanza para hacer y deshacer con la herencia patrimonial porlamarense.

A La Ronda de Narváez la rodaron por varias partes de la ciudad hasta que se cansaron y un día cualquiera la enterraron hasta las rodillas en las adyacencias de la Plaza Bolívar. Pareciera que ese acto de maldad lo realizaron para que nadie la sacara más nunca del concreto que la sepultó para siempre a un lado de la Iglesia San Nicolás de Bari.

Porlamar si tiene memoria para cobrarle a quienes le hicieron daño su escasa visión de gerentes de escasa calidad que regaron el populismo por las barriadas para matar de plano cualquier intento por modernizar la Ciudad. Hoy cuando vemos el daño patrimonial y urbanístico que le hicieron a Mariño encontramos razones particulares para evitar con el voto que la misma gente vuelva a apoltronarse de la silla municipal.

Se diluyó la Porlamaridad en tertulias populistas en la Plaza Bolívar que solo dejaron la idiotez colgada de los tarantines y negocios de mala muerte que atiborraron de comercios mal olientes y de pobre presentación a los pocos negocios de la que fue la capital comercial de Margarita.

Ahora cuando Morel y El Chino se metieron en Porlamar en plena campaña a ver de cerca los daños en el casco central de la embarcación, se encontraron con un desastre que obliga a implementar políticas olímpicas para reconstruir una ciudad que fue parte del experimento de quien solo de populismo embadurnó el alma porlamarense.

Qué triste realidad vive Porlamar la capital comercial de Margarita en otros tiempos cuando negocios emblemáticos como La Media Naranja, Carly, Clouds, Super Ahorros Mi Pueblo, Saks, Ratán, Climax, Don Regalón, Pepe Ganga, Tommy, Don Lolo, Margarita Trading, Bencamar, Atlantida, Sabenca, Mermelada y tantas otras tiendas que fueron parte del nivel comercial de la Porlamar de la bonanza.

Todo ese boom comercial dio paso a los cargadores de fortuna, a los jefazos que armaron orquestas de las mafias de la basura para forjar fortunas dimensionales que dejarían perplejos a cualquier ministro caraqueño. Ese reto de devolverle su Ciudad a los porlamarenses no es tan fácil, pero Morel y El Chino empeñados en salvar a los neoespartanos apuntan con sus buenos deseos a capitalizar propuestas que erradiquen el populismo y se centren en la realización de obras de interés colectivo que le devuelvan la sonrisa a Porlamar y a todo Nueva Esparta.

Porlamar no se merece lo que le ha pasado en los últimos tiempos y esa mala suerte al elegir a gobernantes sin alma es parte de los errores de una ciudadanía que se casó con el populismo ramplón mientras la ciudad se perdió por largo tiempo en la falsa gerencia de la nada.

Ahí están los resultados de un populismo que solo dejó huellas en una ciudad maltratada por el paso del tiempo con un Puerto Libre quebrado, un Puerto de La Mar destruido, una ciudad ultrajada y un ciudadano que terminó aborreciendo la Mariñeidad y que le dejó sus espacios a gente proveniente de otros lares, pues como dijo Efraín Subero, el escritor pampatarense, “Vivimos del recuerdo menor. No hemos sido capaces de penetrar en la realidad del hombre. ¿O no hemos querido? Nos estamos echando pomadas cuando el verdadero dolor los tenemos muy adentro”.

Encíclica/ManuelAvila

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