“Los autos locos”: El misterio de una serie de 17 episodios

En las redes sociales aparece a veces la pregunta “¿a qué edad te enteraste de que el villano Pierre Nodoyuna era Pierre No-doy-una?” Muchos lo han deducido con los años, muy pocos se dieron cuenta cuando de niños se ponían frente al televisor para disfrutar de Los autos locos. Una de las muchas curiosidades de las magníficas e imaginativas traducciones de aquellos años. Había que pasar al castellano los nombres, y los juegos de palabras del inglés no eran fáciles de adaptar.

¿Y quién no ha oído hablar alguna vez de Penélope Glamour, de Los hermanos Macana o de Pedro Bello? Muchas veces las series se van transformando en el recuerdo y se convierten en otra cosa. Pero esos nombres resuenan en la memoria como si los hubiéramos escuchado ayer. Pero para eso también hay una explicación: Los autos locos, como muchas de las producciones de Hanna-Barbera, tenían una identidad muy marcada que permitía el registro claro y la capacidad de afianzarse en nuestras mentes para siempre.

“Si son tan familiares esos personajes y esta serie, entonces deben haber realizado muchos episodios”, podría pensar con cierta lógica cualquier persona. No fue así. Los autos locos corrieron solamente 34. Es más, cada episodio de la serie tenía dos carreras, por lo cual el total de episodios fue diecisiete. Sí, 17 episodios que lograron que entren en la historia grande de la animación.

Y este es un buen momento para hablar de Hanna-Barbera. Contrario a lo que los niños creían en aquellos años, Hanna-Barbera no es una señora, sino los apellidos de los dos creadores de la serie: Joseph Hanna y William Barbera. Este dúo de animadores había sido responsable de creaciones como Tom y Jerry para la Metro Goldwyn Mayer. Ganadores de ocho premios Oscar por sus trabajos de dibujos animados, cuando MGM cerró su estudio de animación, Hanna y Barbera se pasaron a la televisión con una empresa que ya habían fundado.

Una lista abreviada de los trabajos creados por el estudio Hanna-Barbera incluye: Los Picapiedra, Don Gato, El oso Yogui, Los supersónicos, Scooby-Doo, Tiro Loco McGraw, El inspector ardilla, El lagarto Juancho, La hormiga atómica y la lista sigue y sigue. Adaptaron comics de otros autores, pasaron por el mundo de los superhéroes, trasladaron series de éxito al formato animado e incluso hicieron especiales de El gordo y el flaco y otro de Los Harlem Globetrotters. Estos trabajos se combinaban en un mismo programa y por eso, aun teniendo pocos episodios, hay series que llegaron a durar tres años, como es el caso de Los autos locos.

Salta a la vista que hacían sus creaciones con presupuestos limitados y fueron muy criticados por el descenso de calidad de la animación. En Los autos locos eso queda muy claro. Apostaron a la variedad de personajes más que a la continuidad de estos. Había que producir como fuera.

La trama de Los autos locos es muy sencilla. Una carrera con 11 vehículos que luchan por la victoria. Una rareza total ver un cortometraje con tantos personajes que se repiten episodio tras episodio y comparten protagonismo. Una apuesta arriesgada que funcionó porque los personajes son estereotipos desembozados. La combinación lograda es la cosa más delirante y sin sentido que uno pueda imaginar. Había monstruos, cavernícolas, pandilleros, militares de diferentes guerras, un inventor, un leñador con un castor y un montañés con su oso, una damisela en apuros, un galán torpe y un villano con su perro. No se puede imaginar un disparate más hermoso.

La serie se basa en la película La carrera del siglo (The Great Race, 1965), dirigida por Blake Edwards, con Jack Lemmon, Tony Curtis y Natalia Wood. El villano y su ayudante (Jack Lemmon y Peter Falk) son una clara inspiración para Pierre y Patán. Los trucos de los autos también fueron tomados de allí. Luego de Los autos locos muchas películas tomarán el concepto de las carreras alocadas una y otra vez.

Era difícil no reírse con Los hermanos Macana, cuya solución para todo era golpear con sus garrotes. Pero el favorito del público y la verdadera estrella era el villano. Pierre Nodoyuna, Dick Dastardly en el original, estaba acompañado por el perro Patán, un asistente de una fidelidad dudosa que remataba cada fracaso de su jefe con una risa burlona que también se convirtió en un clásico.

Las carreras se desarrollaban en diferentes territorios, con títulos que a veces aludían a los lugares donde se corría la competencia. Tanto en inglés como en castellano esos títulos ya eran una chiste en sí mismo. La variedad de lugares le permitía a Pierre Nodoyuna dedicarse a su tarea favorita: hacer trampa.

El encanto y la gracia del villano consistía en que su pasión por arruinar la carrera de los demás no le permitía ver que él estaba primero en la competencia. Las trampas solían salir mal y contra el propio Nodoyuna. Aunque a veces consiguió entorpecer la carrera de otros, siempre llegaba la mayoría antes que él. En un episodio supo pasar la meta primero, pero fue descalificado, y en otra ocasión estaba para llegar en punta, pero al escuchar que había photo finish se detuvo antes de la meta para fotografiarse. Pierre tiene algo del Coyote y el Correcaminos, pero es un villano más exagerado, y con su compañero de nuestro lado, no nos importa su fracaso.

Hanna-Barbera aprovechaba los éxitos al máximo. Por lo que Los autos locos (Wacky Races) tuvo dos ramificaciones. La primera, la más recordada, El escuadrón diabólico (Dick Dastardly & Muttley in their Flying Machines), que en su título volvía a homenajear a otra comedia retro de aquellos años: Los intrépidos y sus máquinas voladoras (1965). En esta serie Pierre Nodoyuna, Patán, Tontín y Tontón perseguían con aviones a un palomo mensajero al que nunca podía atrapar. Fueron 51 episodios en total, demostrando quiénes eran los personajes más queridos de Los autos locos.

La segunda, con 17 episodios, fue Los peligros de Penélope (1969). Allí, Penélope Glamour era perseguida por un villano y acompañada por un grupo que la protegía y que era parecida, pero no igual, a la de Los autos locos: se llamaba El Escuadrón Mete la Pata y no Mafio y sus pandilleros. En realidad, se trataba de una versión de Blancanieves y los siete enanitos inspirada también en Los peligros de Paulina (1914), un serial de 20 episodios que funda el género de aventuras de damas en apuros.

El simpático legado de Los autos locos sigue vigente. Incluso una famosa marca de autos hizo un comercial con los personajes de carne y hueso. Ya tuvo versiones animadas modernas y, en inglés o en castellano, la mención a cualquiera de los personajes produce una sonrisa instantánea.

Con información de Infobae.

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