Votar masivamente es el primer paso para iniciar el cambio por Morel Rodríguez

En Boca del Pozo, en compacta, alegre y decidora asamblea, el pasado fin de semana reiteré, porque lo creo firmemente, que votando el país dará el primer paso hacia el verdadero encuentro de la gran solución, la de la paz definitiva que nos permitirá reiniciar la tarea de rescate del progreso y desarrollo perdidos en dos décadas de terrible y pésimo desgobierno.

Esa afirmación, que estoy seguro la comparte la inmensa mayoría de venezolanos, va a concretarse el venidero 21 de noviembre cuando elijan sus nuevos gobernadores, alcaldes, concejales y diputados regionales. Ocurrirá, y me atrevo a decir que con alta participación, porque es deseo ya cosido a la piel de nuestra ciudadanía entera, decidida como está por salir electoralmente de la gigantesca crisis que a todos nos agobia.

Será la concreción del compromiso que cada quien ha contraído consigo mismo, convencidos como estamos todos, que haciéndolo, ayudaremos a que el país se enrumbe nuevamente por los caminos del crecimiento integral y retorne la alegría de vernos nuevamente empeñados en convertirnos otra vez en nación soberana, sin ataduras que la frenen en su necesario avance hacia un mejor futuro, pleno de democracia abierta y libertades.

Lo dije con toda sinceridad, convencido como siempre he estado en que ejercer el derecho al voto es una obligación, sino legal sí moral, porque encierra muchos significados, entre ellos uno que resalta por su importancia en estos tiempos de tantas dificultades: salvar a Venezuela, deteniendo su alocada carrera hacia el barranco.

Salir a votar masivamente el 21-N, por tanto, más que urgencia y necesidad, resulta hoy en día la oportunidad mejor que tenemos los demócratas, mayoría numérica en todo caso, para demostrar que sólo en democracia los cambios son posibles y, que sólo en dictaduras es cuando la libertad se persigue, se apresa y se encadena.

Si bien bastaría esta sola explicación para justificar tan sólida verdad, sin embargo agreguemos que, votando masivamente en esta oportunidad, Venezuela recuperará el prestigio que hasta finales del siglo XX tuvo, la de ser una nación libre, potencialmente poderosa, con un pueblo entregado al trabajo, cumplidor de tareas, también de sacrificios, beneficiado igualmente del responsable manejo de nuestras riquezas, abierto al mundo, que nos respetaba y también nos envidiaba por ser el nuestro un país extraordinario en su escenario geográfico, millonario en su subsuelo y también bendecido por Dios como un pueblo amante de la paz y de una espiritualidad como pocas.

Todo lo anterior situémoslo en nuestro territorio convertido en la insularidad de su historia breve pero muy destacada e igualmente gloriosa y en una margariteñidad que concentra un sinnúmero de elementos que nos distingue sin lugar a dudas en el mapa nacional. Votar, pues, es una obligación que debemos asumirla con la responsabilidad que impone el compromiso  de cada quien con mejorar su vida lo cual solamente es posible si mejoramos primero a Venezuela.

Y, votando, es el único modo de lograrlo.

‘¿Quién, en su sano juicio, podrá negar que en democracia Margarita y Coche progresaron? ¿Podrán, acaso, alguien negar que el desarrollo dado en nuestro estado no fue real? Tendrán que esconder, y no lo podrán nunca, el cúmulo de obras que en materia de infraestructura aquí se hizo en democracia. Por lo que resulta válido  preguntar también, ¿Dónde están las construidas por quienes superaron ya las dos décadas gobernando? Seguro nos sobrarían los dedos al enumerarlas.

La obra en vialidad y restantes servicios públicos, especialmente en materia de Salud, y Educación, destacó a Nueva Esparta como  ejemplo de progreso, otro tanto en programas sociales como el de la Bolsa Alimentaria, tan exitoso, que fue tratado de imitar por los revolucionarios que anunciaron llegar a trabajar por el pueblo, pero conminándolo a rendirle pleitesía al gobierno para comprar la bolsa-clap, con escasos productos, de mala calidad la mayoría, importados; muy diferente a los 17 productos que, todos hechos en el país, se les entregaba gratuitamente cada semana en los once municipios insulares.

Esa es la verdad y hay que decirlo. Y para que de nuevo esa verdad se patentice hay que votar masivamente, buscando favorecer la democracia y, con ella y por ella, rescatar en todo y para todo a nuestra amada Nueva Esparta.

@MorelRodríguezA

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