La isla de Cabrera, un edén para desconectar del mundo

Uno de los parques nacionales más bonitos, y menos conocidos del Mediterráneo, se encuentra a diez kilómetros al sur del cabo de las salinas de Mallorca. El archipiélago de Cabrera formado por 19 islotes, está situado en un canal de difícil navegación que sirvió, entre otras, como refugio de piratas. 

El estar aislado y ser de difícil acceso, ha permitido que su paisaje permanezca casi intacto. Posee un rico ecosistema de fauna, flora, y especies autóctonas, además de uno de los fondos marinos mejor conservados de nuestro litoral. No hay que decir que es uno de los enclaves naturales más espectaculares de las Baleares. Cabrera es un destino idóneo para desconectar en un entorno único, donde el color turquesa del mar se une al azul del cielo en un horizonte infinito. Visitarlo nos permite alejarnos de la civilización, y sentirnos como Robinson Crusoe por un día.

Acceso

Esta reserva natural se puede visitar en barco, ya sea pidiendo permiso para navegar y fondear en su web, o bien en una excursión que sale todos los días desde el centro de visitantes, en la colonia de Sant Jordi. El paseo dura entre 30 y 45 minutos.

Un lugar en el que no hay hoteles: solo un albergue donde estuvieron las antiguas instalaciones del campamento militar, con 12 habitaciones para pernoctar un máximo de dos noches, está  junto al Mollet de es Pagés y sa Platgeta, y tampoco hay restaurantes, solo una cantina. Así que, si llevamos comida y bebida en nuestra excursión, deberemos recoger la basura y llevárnosla con nosotros. 

*Como el entorno está protegido, no hay que salirse de los caminos, no hay que tirar basura, no arrancar plantas, no pescar, no dar de comer a los animales y no alterar el paisaje.

Lugares de interés

En los 15 km2 que mide la isla, podemos encontrar a 72 metros sobre el nivel del mar, el castillo de Cabrera, un testigo mudo de innumerables hechos históricos y que nos ofrece unas fantásticas vistas del islote de sa Conillera, la bocana del puerto con la punta de sa Creueta y el cabo de Llebeig, la calita de Es Forn, s’Espalmador y sa Platgeta. Se trata de una torre octogonal que ha sido reconstruida varias veces, cuyo origen se remonta al siglo XIV. Podemos imaginarnos aquellos tiempos en los que, en caso de ataque, se encendía un fuego que podía ser visto desde la isla de Mallorca, y así avisar del peligro.

Se puede ver la antigua casa de los Feliu, los últimos propietarios de la isla antes de que, en 1916, el Estado la expropiara para uso militar. Desde 1890, la isla había sido propiedad de la familia, que introdujo el cultivo de la vid para hacer un vino propio. Y gracias a ellos, ahora es posible visitar el Museo Etnográfico Es Celler, para conocer la arqueología, etnología y naturaleza relacionados con el parque. Dentro se esconde un pequeño jardín botánico con una muestra de las plantas que crecen en la isla.

Sin buscar, podemos toparnos con los restos arqueológicos de los que aquí habitaron, desde tumbas fenicias hasta restos de un monasterio bizantino, pasando por los restos de una factoría de salazones romana. Y una excursión de unas cinco horas, nos llevará al faro de Ensiola, a 102 metros sobre una cima, y no espereis encontraros a nadie, solo algunas lagartijas y algunas gaviotas. El faro tiene una superficie de 360 m2 sobre una planta cuadrada, y está construido con piedra de Santany, con rombos rojos y blancos.

Y después de tanto caminar, nada mejor que un baño en la playa de sa Platgeta, un lugar fantástico para hace snorkel y asombrarnos con la fauna marina,  estrellas de mar, nacras, pulpos, meros, corvinas,… entre otras muchas especies. Nos ponemos de nuevo las zapatillas para ir a chapuzarnos a la playa de s’Espalmador. Una auténtica belleza de increíbles aguas transparentes.

Y nada mejor para terminar el día que en la cueva Azul. Se trata de una pequeña cavidad marina de un color turquesa intenso que fascina a todos, y es gracias a los rayos de sol que se filtran por una abertura en la roca, y que producen espectaculares efectos de luz y color en el agua. Es el lugar perfecto para decir adiós a una escapada insuperable.

Notiespartano

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