Hunza, el remoto edén pakistaní

En 1960 los gobiernos de Pakistán y China se pusieron de acuerdo en comenzar los trabajos para abrir una carretera que venciera el secular aislamiento de la cadena montañosa del Karakorum, una de las grandes cordilleras de Asia. El camino estaba transitado desde antiguo, pues formaba parte de la tradicional ruta de la seda que había transportado mercancías, religiones, filosofías y conocimientos entre China y Europa durante siglos. 

Sin embargo, el reto de abrir una carretera asfaltada en un entorno de alta montaña himaláyica se antojaba gigantesco, y hubo quien lo calificó, sin pararse en modestias, como el mayor proyecto de ingeniería desde que en Egipto se levantaran las pirámides.

Autopista del Karakorum

Fuera acertada o exagerada la comparación, lo cierto es que se tardaron veintidós años en completar el tramo sur, mientras que el septentrional –el del lado turquestano administrado por China– no vio pasar el tráfico hasta cuatro más tarde, en 1986.

La llamada inmediatamente Autopista del Karakorum representó una puerta abierta a algunos de los paisajes más fascinantes de Asia Central, un nudo pétreo con algunos de los topónimos más románticos del universo viajero: Kashgar, lago Karakul, río Yarkand, glaciar Baltoro… 

Un bus turístico en la Autopista del Karakorum

Nada más atravesar la frontera entre el Pamir chino y Pakistán, en un rinconcito de la derecha, aparecía uno de los valles sobre el que se asentaban más leyendas: Hunza. El escritor James Hilton se había inspirado en él para su obra más conocida: Horizontes perdidos (que ha tenido hasta dos versiones cinematográficas), un Shangri-La donde la gente vivía eternamente.

En las primeras décadas de visita, a finales del siglo XX, los viajeros corroboraban que los hunzakuts, sus habitantes, eran muy longevos, y se llegó a atribuir a su dieta saludable, sobre todo los sorprendentes albaricoques que se dan en el fondo del valle.

Hunza

Y es cierto que Hunza asemeja un jardín. Con una altitud media de 2.400 metros sobre el nivel del mar, parecería que el lugar debía ser un erial de piedra y hielo. Y lo es. La figura del elegante Rakaposhi (7.788 metros), la montaña que podría haber inspirado el logotipo de la Paramount Pictures, pues son montañas casi idénticas, habla de un entorno hostil para la vida. 

Sin embargo, los hunzakuts han construido a lo largo de generaciones un sistema de canales de riego que conectan directamente el agua que se funde de los glaciares con el fondo del valle, en el que crecen ufanos frutas y cereales, alimentos básicos de la dieta hunzakut. 

El Rakaposhi (7.788 metros) podría haber inspirado el logotipo de la Paramount Pictures

Los albaricoqueros parecen un adorno navideño, y sus anaranjados frutos se secan en las azoteas de las casas para estar disponibles todo el año… y para todo los platos, pues entran en ensaladas, acompañamientos de la carne de cordero y también en una sabrosa y energética sopa que sorprende a quien tiene la oportunidad de acercar sus labios al cuenco en una heladora noche del Karakorum.

La capital del valle es Karimabad, una localidad de casas de adobe blanqueadas con cal y madera que se asientan ordenadamente en unas cuestas inclementes. Coronando la “ciudad”, el fuerte Baltit, una belleza que está en la lista de espera para ser proclamado próximamente patrimonio de la humanidad. 

Karimabad

Visitando sus estancias se llega al delicado balcón con vistas sobre el valle y se contempla con asombro cómo todavía se conserva el mismísimo teléfono con que el explorador Francis Youghusband comunicó a Londres en 1889 que las conversaciones con el gobernante local Alí Hunza para que el principado se incorporara al imperio británico iban por buen camino.

Las montañas triangulares de color caramelo conocidas como Catedrales de Passu son uno de los paisajes que hipnotizan a los viajeros que pasan unas jornadas vagabundeando por Hunza, tal vez esperando que aparezca el siguiente transporte que va hacia China o desciende a las zonas llanas pakistaníes. En los paseos por el río Hunza se verá a hombres lavando minerales, en búsqueda del preciado lapislázuli con el que se tallan joyas y objetos decorativos. 

El fuerte Baltit corona Karimabad

Desde el cauce se hace más evidente la sensacional obra de ingeniería que representa la Autopista del Karakorum. Está asfaltada, aunque las nevadas y el hielo se encargan cada invierno de destrozar una buena parte. Durante las lluvias monzónicas veraniegas son frecuentes los derrumbes de laderas, lo que obliga a reconstruir una y otra vez partes del trazado. No extraña que durante su construcción entre 1960 y 1986 perecieran docenas de trabajadores.

Uno de los lugares más enigmáticos de Hunza es el enclave de los petroglifos chamánicos de tiempos preislámicos cercano a Huldakush. Los habitantes locales los admiran y respetan, aun perteneciendo al periodo “pagano” anterior a la llegada de la palabra de Mahoma, que aquí se vive con la especial interpretación de la escuela ismaelita. 

No en vano su líder, el Aga Khan, ha sido tradicionalmente un gran benefactor de Hunza, con donaciones económicas que han levantado escuelas y mezquitas y han garantizado el suministro eléctrico.

Conforme se va sabiendo más de Hunza se rebate, por supuesto, la idea de la inmortalidad e incluso de que sus habitantes sean especialmente longevos. Sin embargo, lo que es indudable es la extraordinaria hospitalidad de una población que, todavía hoy, siguen maravillándose de la llegada de extranjeros a tan aislado lugar del planeta.

Cerezos en flor en Hunza

Notiespartano

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