Bielorrusia indigna a Occidente al obligar a aterrizar a un avión y detener a un opositor

Por Andrey Ostroukh y Andrius Sytas

MOSCÚ (Reuters) – Las autoridades bielorrusas utilizaron un avión de combate y avisaron de una alerta de bomba, que resultó ser falsa, para obligar a un avión de Ryanair a aterrizar el domingo y luego detuvieron a un periodista de la oposición que estaba a bordo, lo que provocó la condena de Europa y Estados Unidos.

El incidente, que algunos dirigentes de la UE calificaron de secuestro, se produjo cuando el avión de pasajeros que volaba de Atenas a Lituania fue desviado repentinamente a Minsk, la capital de Bielorrusia, escoltado allí por un avión de combate MiG-29 de la era soviética. Al aterrizar, las autoridades detuvieron al periodista Roman Protasevich.

Protasevich tenía la cabeza entre las manos y temblaba cuando se dio cuenta de que el vuelo se dirigía a Minsk, según indicó un pasajero al medio de comunicación lituano Delfi. Más tarde, mientras se lo llevaban, según este medio, comentó: «Aquí me van a condenar a muerte». Reuters no pudo verificar esta información.

El periodista, de 26 años, trabajaba para el servicio de noticias online NEXTA, con sede en Polonia, que difundió el año pasado imágenes de las protestas multitudinarias contra el presidente bielorruso Alexander Lukashenko a través de la aplicación de mensajería Telegram, en un momento en el que era difícil que los medios de comunicación extranjeros lo hicieran.

Protasevich, que ahora trabaja para otro canal de Telegram llamado Belamova, está buscado en Bielorrusia por cargos de extremismo y está acusado de organizar disturbios y de incitar al odio social, acusaciones que él niega.

Los datos del sitio web flightradar24.com mostraban que el avión fue desviado solo dos minutos antes de que tuviera que cruzar el espacio aéreo lituano. Tras siete horas en tierra, el avión despegó y finalmente aterrizó en Vilna, donde la primera ministra lituana, Ingrida Simonyte, esperaba para recibir a los pasajeros.

Mientras los dirigentes europeos amenazaban con imponer nuevas sanciones a Bielorrusia, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, calificó el aterrizaje forzoso y la detención de «acto escandaloso», exigió la liberación inmediata de Protasevich y dijo que la Administración del Presidente Joe Biden estaba «coordinando con nuestros socios los próximos pasos»

Lituania, Estado miembro de la UE, donde se encuentra Protasevich, instó a la Unión Europea y a la OTAN a responder.

Ursula von der Leyen, jefa de la Comisión Europea, dijo que Protasevich debe ser liberado inmediatamente y que los responsables del «secuestro de Ryanair deben ser sancionados», añadiendo que los líderes de la UE reunidos en Bruselas el lunes discutirían qué medidas tomar.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo en un tuit que el incidente era grave y peligroso y requería una investigación internacional.

Simon Coveney, ministro de Asuntos Exteriores de Irlanda, donde tiene su sede Ryanair, dijo en Twitter: «La inacción o indecisión de la UE será tomada como debilidad por Bielorrusia».

El ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Gabrielius Landsbergis, dijo que había discutido el desvío del avión de Ryanair con el subsecretario de Estado estadounidense, Philip Reeker, e instó a una respuesta contundente por parte de Occidente.

Estados Unidos, junto con la UE, Reino Unido y Canadá, ya han congelado los activos y prohibido los viajes de casi 90 dirigentes bielorrusos, incluido Lukashenko, tras unas elecciones celebradas en agosto que, según los opositores y Occidente, fueron una farsa.

ACTO DE PIRATERÍA

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, Bob Menéndez, emitió una declaración junto con los jefes de siete grupos parlamentarios europeos de asuntos exteriores en la que denunciaban el desembarco forzoso como «un acto de piratería».

En el texto, pidieron que se prohibieran todos los vuelos en espacio aéreo de Bielorrusia, incluidas las conexiones con el país, y que los Estados de la OTAN y la UE impusieran sanciones y suspendieran la «capacidad de Bielorrusia de utilizar la Interpol».

Blinken exigió una «investigación completa» de unos hechos que, según él, pusieron en peligro la vida de los pasajeros, entre los que había ciudadanos estadounidenses.

«Dados los indicios de que el aterrizaje forzoso se basó en falsos pretextos, apoyamos que el Consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional se reúna lo antes posible para revisar estos hechos», dijo en un comunicado.

La máxima dirigente de la oposición bielorrusa Sviatlana Tsikhanouskaya, que al igual que Protasevich reside ahora en Lituania, pidió a la agencia de aviación de la ONU, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que expulsara a Bielorrusia.

La OACI se declaró «muy preocupada» por el incidente, que podría suponer una infracción del Convenio de Chicago bajo el que opera la aviación civil. El organismo mundial de la industria aérea IATA también pidió una investigación completa.

El incidente empeorará sin duda las ya difíciles relaciones entre Occidente y Bielorrusia, controlada por Lukashenko con mano férrea desde 1994.

Los opositores le acusan de haber amañado las elecciones presidenciales a su favor el año pasado y de haber reprimido violentamente a la oposición. Él niega que hubiera fraude electoral.

Ryanair dijo en un comunicado que la tripulación del avión fue notificada por Bielorrusia de una posible amenaza a la seguridad a bordo y recibió instrucciones de desviarse al aeropuerto más cercano, Minsk.

El avión aterrizó sin problemas, los pasajeros tuvieron que bajar, las autoridades locales realizaron controles de seguridad y el avión reanudó posteriormente su viaje a Vilnius, dijo Ryanair.

Uno de los pasajeros, en declaraciones a Reuters tras llegar al aeropuerto de Vilnius, dijo que ni el piloto ni la tripulación dieron una explicación completa sobre el repentino desvío a Minsk, pero Protasevich reaccionó rápidamente a la noticia, levantándose de su asiento.

El pasajero lituano, que solo dio su nombre como Mantas, dijo que Protasevich abrió el compartimento superior, sacó un ordenador portátil y un teléfono y se los dio a una compañera. Al aterrizar, Protasevich fue separado inmediatamente del grupo, según Mantas.

Autoridades bielorrusas con perros rastreadores registraron el equipaje de cada pasajero, incluido Protasevich, pero no parecieron encontrar nada. «Parecía falso», dijo Mantas sobre la operación de detección de explosivos.

El presidente lituano, Gitanas Nauseda, declaró en una conferencia de prensa a última hora del domingo que la acompañante de Protasevich tampoco había vuelto a embarcar en el vuelo de Minsk a Vilnius.

POR ORDEN DE LUKASHENKO

La agencia de noticias bielorrusa BelTA informó de que Lukashenko había ordenado personalmente al avión de guerra que escoltara al avión de Ryanair hasta Minsk. No se encontraron explosivos, dijo.

Ben Hodges, excomandante de las fuerzas del ejército estadounidense en Europa, señaló que las defensas aéreas de Bielorrusia estaban estrechamente integradas con las de Rusia. «Si ocurriera algo en el espacio aéreo de Bielorrusia, sería imposible que el Kremlin —o al menos las fuerzas militares rusas— no lo supieran», dijo.

Nauseda instó a «los aliados de la OTAN y la UE a reaccionar inmediatamente ante la amenaza que supone el régimen bielorruso para la aviación civil internacional».

El asesor presidencial lituano Asta Skaisgiryte dijo que la operación para obligar a aterrizar al avión que transportaba a unas 170 personas de 12 países parecía estar planeada de antemano.

El departamento bielorruso de control de la delincuencia organizada informó de la detención de Protasevich, aunque después borró la declaración de su canal de Telegram.

Unas 35.000 personas han sido detenidas en Bielorrusia desde agosto, según grupos de derechos humanos. Decenas de ellas han sido condenadas a penas de cárcel.

(Información de Andrey Ostroukh y Andrius Sytas en Vilnius; información adicional de David Shepardson, Andrea Shalal y Mark Bendeich; redacción de Andrew Osborn y Matt Spetalnick; edición de Timothy Heritage y Peter Cooney; traducido por Tomás Cobos)

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