Yo defiendo a Nueva Esparta de quienes no la han defendido por Morel Rodríguez

Sostengo, como demócrata raizal que soy y ciudadano respetuoso siempre de la dignidad, la legalidad y la pluralidad, que una campaña electoral debe ser, siempre, el mejor escenario para la pacífica contrastación de ideas, presentación de planes y programas que busquen el desarrollo y el beneficio del pueblo insular.

Reitero, y los neoespartanos lo han comprobado muchas veces, que soy claro en lo que digo y abierto en lo que hago y, actuando con actitud cordial, porque creo que por cualquier clase de violencia nada se gana y todo se pierde, manifiesto mis pensares, expongo mis razonamientos, apunto observaciones, anoto recomendaciones y expreso lo que considero altamente favorable, y sobre todo posible, para favorecer el crecimiento social de nuestra gente y de nuestro estado.

No divago, no miento, ni exagero, no ofendo.

Voy directo al grano, sin mentiras, sin agigantar situaciones tratando, como maestro al fin y al cabo, que cualquier circunstancial adversario, nunca enemigo, se retrate en lo que dice para que, si resulta cierto, haya corrección en el cuestionado y así sus afirmaciones sean campanadas de alerta y no las de su propio entierro por falsario, quizás, o por inexperto. Porque entre las muchas virtudes que un político, o aspirante a serlo, debe mostrar es que la verdad lo mueve y no la irresponsabilidad. El que de este modo actúa, no llegará nunca lejos y, si lo logra tendrá siempre pies de barro porque la mentira, el refrán lo afirma, tiene patas cortas. Yo le agrego: y sumamente  débiles.

Mantengo con la firmeza necesaria todo cuanto respecta a mis creencias religiosas, morales, ideológicas y en su defensa, sin embargo, no desenvaino espada alguna. Buscando que el entendimiento y la valoración del posible adversario, circunstancial de paso en la arena política, se coloque por encima de supuestos porque, ésa es mi conducta, digo verdades. Y las que he dicho en estos días, llaman a corregir errores, a la reflexión y no a la guerra.

Lo afirmo, porque una campaña electoral, y eso quiere la democracia, es tribuna para que la ciudadanía escuche lo que quiere escuchar y poder entonces decidir a cuál mensaje dedicarle la mayor atención y examinarlo como el más conveniente. Una campaña electoral igualmente es el reflejo de la responsabilidad de quien la lleva a cabo, para lo cual debe estar preparado o mejor asesorado de modo que salga a la arena pública a proponer que intentará mejorar lo que está bueno y comprometerse a solucionar lo que está peor.

Es en estos asuntos de enorme cuantía y lógica valía que todo candidato responsable, serio, sereno, dispuesto y preparado debe salir a la calle; no armado de imprecisiones, abierto desconocimiento de la mayoría de todo y, especialmente, interesado más en la confrontación y en la pelea creyente, todavía, que empleando los viejos métodos de la lanza, el cuchillo, el machetazo, la zancadilla y la trampa o la ofensa más terrible, se alzará victorioso.

El país está a punto de que se le incendien sus praderas y quien no sienta llegada la hora del entendimiento y en vez de apagar sople la llama, será culpable de lo que suceda en cualquier nivel. De allí la enorme tarea que en una campaña electoral deba darse, pues involucra, sin lugar a dudas, exactamente todo lo correcto. Mal podría quien quiera el voto a su favor lograrlo armado hasta los dientes o conseguirlo sin la limpieza en todo caso que la propia democracia exige y los votantes quieren se constate.

De allí que yo defiendo a Nueva Esparta de los que nunca la han defendido. Y rescatar lo que ayer alcanzó nuestro estado, en democracia y paz, es el único compromiso que nos motiva.

@MorelRodríguezA

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