Cómo dar un masaje erótico perfecto

masaje

Interior. Noche. Estás con una mujer. A solas. En su casa o en la tuya. Y, aunque llevan un buen rato dándole a la lengua, no sabes cómo pasar a mayores. Y ahí estás, luchando contra tu proverbial timidez, cuando ella mueve ficha: “Oye, ¿sabes dar masajes?”. Y tú, por supuesto, contestas que sí, que esto de los masajes prácticamente lo has inventado tú. Y que en otra vida fuiste chino. Pero no.

En realidad, es tu primera vez. En lo del masaje, digo. Y en lo otro, casi que también. Ella se tumba bocabajo. Temblando como un flan, le pones tus sudorosas manos encima. No sabes ni por donde empezar. Piensas: “Esto es el fin, voy a quedar como un manazas. A menos que…”; disimuladamente, buscas el teléfono y, de reojo, lees este artículo.

1 Córtate las uñas

¿Adónde crees que vas con esos mejillones? La idea era dar un masaje, no hacer un remake de “Fu Manchú”. Escápate un segundo al baño y rebánate esas negras garras o harás picadillo a tu amiguita.

2 Crea un ambiente propicio

Pon death metal a todo volumen, enciende velas negras, quema vinagre, sacrifica una cabra… Ya sabes, lo normal.

3 Habla como lo haría un maestro tántrico

Ahora en serio: imita la voz de Sánchez Dragó, invoca a la diosa Shiva y menta los chakras (aunque no tengas ni la más remota idea de lo que viene a ser eso).

4 Quítale la ropa

Pero antes di algo convincente, como: “¡Uf, qué calor! ¿No vas demasiado abrigada?”. En las películas porno siempre funciona.

5 Quítale la ropa interior

Y ponle una toallita de bidet sobre los glúteos. No se vaya a creer que todo esto del masaje es un sucio montaje para verle el culo.

6 Usa toda la mano para masajear

Porque si sigues usando sólo la punta del meñique, nos van a dar las uvas.

7 Úntala en aceite

Que sea uno especial para masajes. Si no tienes, baja a la farmacia de guardia y pide algún producto de emergencia para untar señoritas.

8 Ni se te ocurra tocar su espina dorsal

No queremos que esta buena mujer acabe compitiendo en las Paraolimpiadas.

9 No pares

Sus músculos se enfriarían. Y ella también. Y entonces pronunciaría una excusa más o menos convincente para escaparse. Algo como: “Oye, es tardísimo, creo que debería irme”. En las comedias románticas siempre funciona.

10 Masajea sus zonas menos sensibles

Lo de empezar por el perineo sería un tanto precipitado. Ten paciencia, trabaja antes pies, orejas, cuello, frente, uñas, rabadilla, axilas… y poco a poco ve extendiendo el sobeteo por el resto del cuerpo. ¡Poco a poco, hemos dicho!

11 Evita su entrepierna (De momento)

Tu diestra no te obedece: está empeñada en meterse entre las piernas de la chica y echarlo todo a perder. Prohíbeselo. Si es necesario, amenázala con cortarle un dedo.

12 No caigas en movimientos mecánicos

Es decir, jamás la toques como te sueles tocar a ti mismo en tus frecuentes sesiones autoeróticas.

13 Improvisa

Tócala como si ella fuera un saxofón y tú un Charlie Parker.

14 Ahora puedes masajear salvas sean sus partes

Me refiero a sus senos y a su pompis. Pero con tacto, que no estamos amasando un pan.

15 Dale la vuelta

Ojos turbios, labios hinchados, sudoración abundante… La chica está a punto de caramelo. Y abierta a todo. Excitado, la pones bocarriba y al ver su pubis casi encaneces del susto: “¡Dios mío, lo lleva sin depilar!”.

16 Finaliza

Sé un hombre y acaba lo que has empezado: hunde tu diestra en ese frondoso Monte de Venus y perpetra lo que los profesionales del masaje llaman un ‘relax manual’. Sin miedo, que no muerde. Aunque tenga más pelos que Chewaka.

Notiespartano

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