Combate en Porlamar por Manuel Avila

La lucha por conquistar Porlamar es sin cuartel. Se trata de una Ciudad destrozada por el paso del tiempo y por los malos gobiernos municipales que dejaron totalmente destruida al Porlamar de Mis Amores. No pasó de ser un eslogan cursi salpicado de populismo que dejó sin aliento a la Ciudad Marinera.

Es que sin gestión ningún pueblo puede progresar en el tiempo y esa carga que le ha tocado a la Ciudad Marinera es parte de la tragedia de elegir a gobernantes populistas. Por eso Porlamar se fue acabando en los últimos 40 años donde no dio pie con bolas en esas jugadas electorales que ponían en el mando a uno más improvisado que el otro.

Qué tragedia dejar demolido un espacio municipal donde muchos son responsables de la debacle de Porlamar y ahora ven los toros desde la barrera como si nunca hubiesen tenido responsabilidad en la involución del Municipio que llegó a ser uno de los más adelantados del país.

La pérdida más importante de los porlamarenses fue en los golpes a la siquis que sumergieron por años a los alcaldes y concejales en un juego macabro de realizar negocios que en nada beneficiaban a la comunidad. Por eso se fue deshilachando la Ciudad y nadie pegó un grito para parar a tiempo la debacle que se le vino encima a este poderoso espacio comercial. Paralelamente se acabó la gasolina del Puerto Libre y el Puerto de La Mar fue condenado a la muerte lenta en medio de un régimen atrasado y primitivo. No pudo Porlamar pararse de ese golpe contra su integridad y el urbanismo se perdió en medio de tanta desidia.

En el otro escenario siguieron los concejales que estuvieron medio siglo sin crear las ordenanzas para la conservación patrimonial de Porlamar en su estado comatoso al no detener ese tren del abandono que corría por sus calles sin una voz que frenara tal descalabro.

Hay que evaluar los daños al casco de la embarcación porlamarense que perdió hasta sus valores fundamentales con hombres y mujeres que entregaron su conciencia y su memoria sin lanzar un grito al aire para frenar el descalabro contra la Ciudad. Eran tiempos de un progreso de la ficción que tejieron realidades para moldear lejanas coincidencias de los que estuvieron en ese recinto municipal cabalgando sobre las ancas de la destrucción masiva de la Ciudad Marinera. Pero creían que estaban haciendo historia repartiendo medicinas, pañales y andaderas y sometiendo a los porlamarenses a un metódico proceso de atraso y condena.

Ahí en ese recinto municipal vegetaron por años los enemigos del desarrollo y sumaron voluntades para elevar al pedestal del poder a figuras desarraigadas que nada aportaron a la consolidación de un municipio que ha podido ser el modelo a seguir por el resto de los espacios del país. Así no fue porque los descarrilados políticos confundieron populismo con gobernanza para terminar poniendo la torta en una Ciudad que ahora es solo cemento y cal molida.

Pasó Porlamar a convertirse en una caricatura de los amores que no vio desarrollo por ni ningún lado y solo falsas promesas y resquemores de la barbarie se aposentaron en la Cámara Municipal para destrozar a fuerza de decretos inmorales el futuro de la Ciudad Marinera.

 Muchos culpables trajeados de mesías redivivos o disfrazados de Robín Hood para intentar saltar las cuerdas del atraso. Solo pudieron tartamudear palabras molidas por el paso del tiempo y condenaron a los porlamarenses a escuchar a falsos profetas del desastre que desde la Plaza Bolívar o desde la Cámara Municipal solo lanzaban cañonazos contra un ciudadano de la Porlamaridad que no pudo zafarse del nudo corredizo que le hicieron los enemigos del progreso.

Ahí quedó dibujada la seudo gerencia que maniató el futuro de un espacio privilegiado del comercio y que solo pudo entregar condecoraciones y pergaminos para idiotizar a una sociedad que nunca reaccionó ante la debacle que se manifestó en sus propias narices.

Ahora cuando se avecinan de nuevo las elecciones la gente recordará con mente clara a los enemigos del progreso que más nunca volverán a reinar en la Ciudad Marinera. Es que se equivocó Porlamar en su trabajo de elevar el populismo como consigna a la gerencia de la Ciudad. Es por eso que los porlamarenses deben cambiar sus falsos profetas del desastre por figuras nuevas que tengan la fuerza interior suficiente para generar cambios en una Ciudad que da sus últimos respingos en pro de la democracia.

Ya los políticos fracasaron en la conducción de la Ciudad Marinera y por eso la idea de mirar hacia las figuras independientes está planteada por los mismos ciudadanos que ven la posibilidad de llevar la Porlamaridad a mejores horizontes.

Pero esas decisiones importantes de los ciudadanos corresponden a la madurez de una sociedad que ha visto tanto fantasma pasar por la gerencia municipal sin entender que el rol del funcionario electo por el pueblo es retribuir a los ciudadanos en obras de interés colectivo un futuro mejor. Y no es con el regreso del populismo como se salvará Porlamar, sino cambiando la forma de hacer política y dando al pueblo las obras que se merece para elevar la grandeza de su esencia.

Porlamar no puede seguir equivocándose en medio de un festival de improvisaciones que cuelgan de los árboles de la Plaza Bolívar y que perdió el rumbo con la entrega de dádivas que no llegan a ocupar espacios importantes en las comunidades.

La vía de escape de Porlamar está centrada en quienes se combinen con Morel para diseñar un plan maestro que le permita a los porlamarenses ayudar a su Ciudad a salir de esa playa del atraso y enrumbarse por el camino del pensamiento progresista. Porlamar tiene la palabra y eso solo la ciudadanía la única con la fortaleza para salvar su Ciudad.

Encíclica/ManuelAvila

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