Disnea: causas, síntomas y tratamientos

La disnea es una manifestación fisiológica y adaptativa del organismo determinada por los niveles de oxígeno y dióxido de carbón en sangre. Las situaciones que alteren la entrada de oxígeno al cuerpo o aumenten las demandas del mismo podrían desencadenar la sensación de dificultad respiratoria.

En algunas ocasiones, la presencia de esta afección puede no estar relacionada con un problema de salud. En este sentido, una persona puede experimentar la sensación de falta aire posterior a un ejercicio intenso, al viajar a lugares elevados o al exponerse a cambios bruscos de temperatura.

No obstante, los episodios continuos de dificultad respiratoria que aumentan en intensidad y frecuencia son indicativos de alteraciones patológicas. Dentro de las causas más comunes de disnea se encuentran las siguientes:

  1. Asma

El asma una patología inflamatoria crónica caracterizada por la obstrucción de las vías áreas. Los pacientes con esta afección suelen manifestar disnea, sibilancias o silbidos al respirar y sensación de opresión en el pecho.

Muchos estudios estiman que el asma es la enfermedad más común en los pacientes pediátricos con una prevalencia de hasta 17 % en América Latina. No obstante, la dificultad respiratoria, así como el resto de la sintomatología asociada a esta afección, puede ser controlada y tratada de forma efectiva.

  1. Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

La denominada EPOC es una entidad patológica crónica del árbol bronquial en la que existe una gran limitación del flujo aéreo y del intercambio de gases a nivel pulmonar.  Los síntomas más comunes son la tos, la expectoración y la sensación de falta de aire o dificultad respiratoria.

La prevalencia de la misma está en relación con el hábito tabáquico, por lo que en la medida que una persona fume, mayor será el riesgo de padecerla. El diagnóstico médico se obtiene en base a la exploración física y la espirometría o la prueba de función pulmonar. El tratamiento incluye desde corticoesteroides inhalados hasta soporte ventilatorio.

  1. Insuficiencia cardiaca

Es una alteración funcional y estructural del corazón que limita su capacidad de bombear sangre oxigenada a los tejidos, por lo que el organismo trata de compensar esta deficiencia con un aumento en la demanda externa de oxígeno. Así, la disnea se convierte en el síntoma más común de la insuficiencia cardíaca.

La dificultad respiratoria en estos pacientes suele aparecer de forma progresiva y relacionada con la intensidad del ejercicio físico. En este sentido, la misma puede aparecer al subir las escaleras o caminar varias cuadras, e ir empeorando haciéndose presente, incluso, durante el reposo.

  1. Enfermedad pulmonar intersticial

Este es un grupo de más de 150 enfermedades caracterizadas por una afección difusa, parcial o global del tejido pulmonar. La fibrosis pulmonar idiopática (FPI) es considerada la principal responsable de esta afección.

El daño inflamatorio y cicatrizal en los pulmones limita en gran medida la entrada de oxígeno y es responsable de la sintomatología. La disnea y la sensación de opresión de pecho son las manifestaciones más comunes de la enfermedad. El tratamiento implica desde la terapia con oxígeno hasta el trasplante pulmonar.

  1. Neumonía

La neumonía una enfermedad infecciosa de las vías respiratorias inferiores que está acompañada de inflamación y acumulación de pus a nivel de los sacos alveolares.  El paciente suele presentar fiebre, tos con expectoración, dolor agudo intercostal  y disnea severa.

Está asociada principalmente a agentes bacterianos y virales presentes en el ambiente. Las personas más susceptibles son aquellas ubicadas en ambos extremos de la vida, es decir, los niños menores de 2 años y los adultos mayores de 65 años. La terapéutica incluye antibióticos y fármacos que disminuyan la sintomatología respiratoria.

Síntomas de la disnea

La sintomatología propia de la disnea está ligada a la sensación de ausencia del aire o de respirar de forma inadecuada. Dentro de las manifestaciones más comunes durante los episodios agudos de disnea se encuentran los siguientes:

Aumento en la amplitud de la inspiración.

Falta de aire luego de hacer algún esfuerzo.

Sensación de asfixia o sofocamiento.

Respiración agitada y acelerada.

Sensación de opresión de pecho.

Tos.

Palpitaciones.

Silbidos o ronquidos respiratorios.

Manos y pies pálidos o azulados.

¿Cómo puede tratarse la disnea?

La dificultad respiratoria suele denotar la existencia de una patología de base de evolución aguda o crónica.  La terapéutica ante esa afección está orientada a tratar la enfermedad subyacente con el objetivo de aliviar los síntomas.

Dependiendo de la forma de presentación de la dificultad respiratoria y los síntomas asociados, el médico especialista podrá dar un tratamiento y seguimiento adecuado. En base a las etiologías más comunes de la disnea, los protocolos terapéuticos son los siguientes:

  1. Terapéutica pulmonar

Las enfermedades pulmonares suelen ser las principales responsables de la disnea. Una vez identificada la causa directa de los síntomas, se dará inicio al tratamiento. El mismo incluye desde terapia con fármacos broncodilatadores hasta corticoesteroides que mejoren la entrada de aire al organismo.

Si la enfermedad subyacente es de carácter infeccioso, el objetivo principal será eliminar al agente responsable. Esto incluye el uso de fármacos antibióticos, antivirales, antiparasitarios y antifúngicos según sea el caso.

En casos graves de dificultad respiratoria, se suele recurrir a la administración de oxígeno y a la asistencia mecánica respiratoria. De igual forma, los programas de rehabilitación pulmonar ofrecen a los pacientes ejercicios terapéuticos para obtener una capacidad respiratoria funcional que no afecte la calidad de vida.

  1. Terapéutica cardiaca

Las afecciones cardiovasculares son una esfera compleja que requiere asistencia capacitada por un cardiólogo. La disnea suele ser un signo de alarma de una falla en la capacidad del corazón de bombear sangre oxigenada a los tejidos.

La terapéutica incluye fármacos que disminuyan la tensión arterial, diuréticos y drogas que aumenten la capacidad y fuerza de contracción del corazón. La mayoría de los pacientes suele mostrar gran mejoría de la dificultad respiratoria una vez instaurado el tratamiento.

  1. Hábitos y estilo de vida

Las dietas poco saludables, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y de cigarrillos son los principales condicionantes de las enfermedades respiratorias y cardíacas. En el tratamiento de la dificultad respiratoria se incluye el control de todas estas variables para disminuir la sintomatología y las complicaciones asociadas.

El consumo de alimentos sanos y el abandono de hábitos dañinos son cruciales para el pronóstico de esta afección. Además, el ejercicio físico leve ha moderado según la severidad de la disnea, mejora la capacidad ventilatoria y favorece reducir en gran medida los síntomas.

¿Se puede prevenir la disnea?

La prevención de la dificultad respiratoria va de la mano con evitar las enfermedades relacionadas con esta sintomatología. Desde el punto de vista respiratorio, el tabaco y los cigarrillos son los principales factores de riesgo para desencadenar disnea, por lo que es recomendable abstenerse y disminuir su consumo.

De igual forma, los ambientes polvorientos y sucios contribuyen a la aparición de procesos alérgicos e infecciosos que comprometan las vías aéreas. Por lo tanto, es ideal mantener una adecuada limpieza del hogar y del puesto de trabajo.

Las actividades en ambientes altamente contaminados o llenos de polvo, como el aserrín,  el carbón o el algodón pueden desencadenar patologías intersticiales pulmonares. Para ello, es recomendable utilizar mascarillas con filtros de alta calidad y disminuir el tiempo de exposición.

El ejercicio físico es el complemento ideal para prevenir una gran lista de afecciones cardíacas, pulmonares y sistémicas. El mismo no solo mejora la capacidad de respuesta del organismo ante procesos patológicos, sino que también incrementa la respuesta ventilatoria y la entrada de oxígeno a los tejidos.

¿Cuándo se debe acudir al médico?

La disnea suele tener un curso paulatino, por lo que puede ser dejada de lado por muchas personas. No obstante, la sensación de dificultad respiratoria en actividades que antes no la generaban debe ser un signo de alarma que requiere una consulta médica oportuna.

Si la sintomatología se hace más severa y se le añaden nuevas manifestaciones, como tos o fiebre, se debe acudir al médico de forma inmediata. El especialista es el único capacitado para identificar la causa base, recetar el tratamiento adecuado y aliviar los síntomas de formar correcta.

Fuente: Mejor con Salud

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