ANÁLISIS-El auge de la vivienda, los bancos centrales y el enigma de la inflación

Por Sujata Rao

LONDRES, 21 abr (Reuters) – El auge de varios años de los precios de la vivienda en todo el mundo, que ni siquiera una pandemia ha podido detener, está obligando a los bancos centrales a enfrentar a una cuestión complicada: ¿qué deberían hacer, si es que deberían hacer algo al respecto?

El aumento del valor de las propiedades, desde Australia hasta Suecia, suele ser bien visto por los gobiernos como una forma de creación de riqueza. Pero la historia también muestra el riesgo de desestabilización de las burbujas y el alto costo social que supone que millones de personas no puedan acceder a la vivienda.

La ironía es que mientras el dinero barato creado por las tasas de interés bajas o negativas ha impulsado las subidas de precios de las vivienda, estos apenas figuran en los cálculos de inflación de los bancos centrales, uno de los principales motores de su política monetaria.

A los costos de la vivienda, ya sea el alquiler o las reparaciones, se les asigna un peso variable en los índices de inflación, que van desde el 40% o más en Estados Unidos hasta el 6,5% en la zona euro, pero el valor de la vivienda en sí misma queda al margen. A medida que suben en espiral, muchos sostienen que esto ya no es sostenible.

«El debate sobre si estamos reflejando la inflación de forma adecuada surgirá cada vez más. Los precios de la vivienda empezarán a recibir mucha atención», afirma Manoj Pradhan, coautor de un libro titulado The Great Demographic Reversal (La gran inversión demográfica), que predice un resurgimiento de la inflación mundial en los próximos años.

Los precios de los inmuebles residenciales en el mundo han subido un 60% en los últimos 10 años, según un índice de Knight Frank. En 2020, incluso cuando el COVID-19 ahogó la economía mundial, subieron un promedio del 5,6%, con saltos del 20% al 30% en algunos mercados.

Si bien las bajas tasas de interés han sido durante mucho tiempo el principal motor del repunte, las subvenciones gubernamentales existentes para la compra de viviendas y, más recientemente, las ayudas de la época de la pandemia, como la suspensión de los impuestos a la propiedad, también han sido factores.

Muchas de estas medidas puntuales de apoyo comenzarán a reducirse, pero los gobiernos a menudo se resisten a tomar medidas políticamente complicadas para mantener un control más firme de los precios, como la prohibición de la propiedad múltiple o la flexibilización de las normas de construcción.

Esto plantea la cuestión de qué pueden hacer los bancos centrales.

PRIMERA ANDANADA

El gobierno de Nueva Zelanda disparó la primera salva en febrero, cuando dijo a su banco central que considere el impacto de las tasas de interés en los precios de la vivienda, que se dispararon un 23% el año pasado.

UNA INFLACIÓN DURMIENTE

En última instancia, estos cambios de política pueden ser arriesgados en medio de la incertidumbre creada por la pandemia.

Añadir los precios de la vivienda a los índices del IPC justo cuando la inflación dormida durante mucho tiempo se despierta por fin podría hacer que las lecturas se disparen, elevando la presión sobre los bancos centrales para que endurezcan la política monetaria incluso cuando las economías se estén curando de las heridas de la pandemia.

Algunos analistas, como los del ING Bank, predicen que, con algunas excepciones, los repuntes de la vivienda podrían empezar a enfriarse a medida que se vayan retirando las medidas de apoyo introducidas durante la pandemia.

El enfado de los ciudadanos puede incluso llevar a los gobiernos a atacar a los inversores inmobiliarios con impuestos más altos, como hizo Nueva Zelanda a finales de marzo.

Los que se oponen a que los bancos centrales amplíen sus ayudas a la vivienda dicen que una política más restrictiva podría incluso agravar el problema al reducir la oferta inmobiliaria.

El profesor de la Universidad George Washington, Danny Leipziger, sostiene que los mercados de la vivienda se enfrían más eficazmente con la regulación y con medidas ajenas al ámbito de los bancos centrales, como el aumento de los impuestos sobre las plusvalías y el incremento de la oferta de viviendas.

«No tengo ningún problema con que el BCE añada a su cesta los costos de alquiler o de los propietarios de viviendas», dijo Leipziger. «Pero si me preocupan los precios de la vivienda en Berlín o Madrid, pedirle al BCE que se ocupe de ello no es el camino correcto».

(Reporte adicional de Dhara Ranasinghe y David Milliken; Editado en español por Javier López de Lérida)

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