Aprenden o los olvidan por José Gregorio Rodríguez

Siempre se ha dicho de los Borbones, que ni aprenden, ni olvidan. La facción de la oposición venezolana agrupada en el G4 (AD-Ramos, PJ, UNT y VP) y sus socios actúa de la misma forma. Insisten tanto en cometer los mismos errores, que su actitud desconcierta, por no decir causa sospecha.

Es preciso remontarnos al año 2.005 y recordar el episodio que marcó el rumbo de la política nacional durante más de dos lustros; el abandono de la oposición venezolana de las elecciones parlamentarias para escoger diputados a la Asamblea Nacional del 4 de diciembre del año 2005.

El 29 de noviembre de ese año, Acción Democrática (AD) decidió retirarse de ese proceso electoral alegando falta de confianza en el Consejo Nacional Electoral (CNE). Luego, anunció su retiro Copei, que primero había solicitado la posposición de esos comicios.

Inmediatamente después, se produjo una reacción en cadena y se sumaron; Primero Justicia, que para ese entonces reunía en sus filas a Julio Borges, Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski, y el hoy resucitado Proyecto Venezuela de la familia Salas de Carabobo. En esa oportunidad, para que la oposición no abandonara, el CNE anunció el retiro de los cuadernos electrónicos y de las máquinas captahuellas, puntos importantes del pliego de peticiones oposicionistas. Las elecciones se realizaron y el resultado le otorgó al chavismo todos los diputados a la Asamblea Nacional.

Diez años después, la oposición experimentó con una “nueva” plataforma unitaria, la MUD, y alcanzó la mayoría en las elecciones parlamentarias del 2015.

Insólitamente, hipotecó su política a factores externos, al inmediatismo y apostó a la salida por la vía rápida y se enredó en una maraña de líneas políticas contradictorias que terminó en la nada. Dilapidaron en meses, lo que les había costado quince años conseguir.

No voy a repetir sino referencialmente, que el 2016, primer año de gestión al frente de la AN, se les fue en una discusión estéril para resolver el camino más corto  para “derrocar” el gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro.

Los agarró el 2017 y la desesperación los llevó nuevamente a la violencia, que habían ensayado en el 2014 y no les había dado resultados.

Entre la violencia y la subestimación al presidente “no vieron llegar” la convocatoria de una nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que en julio del 2017, le devolvió la paz a la república y dejó sin iniciativa política al espectro opositor.

Se realizaron las elecciones de gobernadores en octubre de ese mismo año y “por el respaldo de las encuestas”, decidieron participar y logaron la victoria en tan solo cinco de las 23 gobernaciones en disputa y en la «mesa» entregaron quizá la más importante: la del estado Zulia, que representa la entidad con mayor número de electores en Venezuela, obligando a convocar un nuevo proceso, en el que el PSUV y sus aliados sumaron la gobernación número 19 a su cuenta electoral.

Para diciembre de ese mismo año, se realizan las elecciones de alcaldes, y nuevamente deciden abstenerse. Como resultado, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPPSB), se alzaron con 309 de las 335 alcaldías en disputa.

El 2017 marcó el destino de la alianza opositora. En un mismo año participaron y se abstuvieron en dos  procesos electorales diferentes, orientados por las “encuestas” y por la línea política que les llegaba desde el norte del continente americano, que les garantizó el acompañamiento en el despropósito de infringir sufrimiento extremo al pueblo venezolano, aplicando un paquete de sanciones de amplio espectro económico y comercial, para provocar una explosión social y un pronunciamiento militar.

En el 2018 tampoco participaron en tres consultas electorales: la de parlamentarios regionales, convocada conjuntamente con las elecciones presidenciales, en mayo de ese año y la de concejales en los 335 municipios de la república en diciembre.

Arribamos al 2019 y el 23 de enero decidieron “echar el resto”. Se autoproclamó el entonces recién designado jefe  de la Asamblea Nacional, como presidente encargado de la república, en un acto de felonía política sin precedentes en la historia venezolana, que además contó con el aval de los EEUU de Norteamérica y sus aliados, provocando un proceso de intervención en los asuntos internos de nuestro país, “autorizado” por esa dirección política.

No conformes con ese cúmulo de errores decidieron sumar otro a su record, la abstención en las elecciones parlamentarias  del 6 de diciembre del 2020.

Justo es reconocer que una parte importante de la oposición se deslindó definitivamente del sector extremista del antichavismo y junto con las organizaciones del Polo Patriótico, encabezados por el PSUV y el presidente Maduro, impulsaron un proceso de diálogo que se materializó en logros importantes para la paz y la estabilidad de la república, luego de la instalación de una Mesa de Diálogo, en septiembre del 2019.

No ha sido fácil para este sector lidiar con tantos años de convocatoria a la abstención y de falsas promesas de “salida” del gobierno constitucional, pero ahí van, sin prisa pero sin pausa, intentando recuperar la credibilidad de un sector que por el zigzagueante comportamiento de su liderazgo mermó considerablemente la credibilidad de la gente de la oposición venezolana, de toda ella.

Pero los promotores del abstencionismo y la anti política no aprenden y en días pasados anunciaron al país la “Reconfiguración de la Alianza Unitaria y Construcción de una Coalición más amplia con la Sociedad Civil para lograr Elecciones Libres y Ayuda Humanitaria”, presentando un documento de cinco puntos, entre los cuales destaca: “La convocatoria y realización de elecciones libres, justas y verificables , con observación y reconocimiento internacional, para que el pueblo recupere su soberanía a través de elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales”.

Insisten en el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 2018 y de las parlamentarias del pasado mes de diciembre. Se niegan a aceptar que la vida política continúa, con o sin ellos.

Nos preguntamos: ¿Qué harán los jefes nacionales de los partidos del G4 y sus socios minoritarios para impedir que la gente de sus organizaciones en las regiones participe en las elecciones para las gobernaciones, alcaldías, diputados de consejos legislativos y concejos municipales?

Me parece que el pueblo venezolano dará una lección a los “reyezuelos partidistas” (por la variedad de colores que los identifica) de nuestro país ¡APRENDEN O LOS OLVIDAN!

JoséGregorioRodríguez/Jotaerre577@gmail.com

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