La práctica sexual que se intensifica en pandemia

La pandemia también ha afectado la sexualidad de las personas, o al menos la forma en que muchos se desenvuelven sexualmente. Al haber tantas prohibiciones o restricciones, algunos sienten la necesidad de romper esas reglas y muestran comportamientos arriesgados, libertinos y deliberantes, por eso es que la tendencia del chemsex sigue más activa que nunca, al sentir la urgencia de libertad se recurren a las drogas en contextos usualmente peligrosos.

El Chemsex, o sexó químico, es un juego en el que sus participantes tienen relaciones sexuales con varias personas bajo los efectos de sustancias psicoactivas. Esta peligrosa moda surgió en Estados Unidos, pero tiene en máxima alerta a las autoridades de España y Reino Unido, ya que se han conocido varios casos en estos países.

Además, el temor aumenta puesto que, al tener relaciones sexuales bajo los efectos de las drogas, no se toman las precauciones necesarias para evitar que se presenten enfermedades de transmisión sexual, lo que podría desencadenar toda una epidemia de VIH positivo.

Esta polémica práctica sexual consiste en que el organizador cita en su casa o en un lugar alquilado, a un determinado grupo de personas contactadas a través de redes sociales como Tinder, Happn, Grindr, con fin de «disfrutar» de una mezcla de sexo intenso, alcohol y drogas, durante 72 horas, sin derecho a parar, ni siquiera, para satisfacer sus necesidades básicas.

El rango de edad de las personas que practican frecuentemente el Chemsex es de 18 a 45 años, siendo los jóvenes, los más interesados por experimentar la sensación de tener relaciones con personas de diferente género y orientación sexual, combinando el uso de drogas sintéticas como mefedrona, la metanfetamina de cristal, GHB y GLB, estos últimos, conocidos popularmente como tina y G.

Para tener mayor claridad sobre el tema, KienyKe.com habló con Carlos Pol Bravo, médico psiquiatra, con máster en sexología y director científico de la Central Médica de Sexología de España, quien califica esta práctica como absurda, ya que es una moda que conlleva a la destrucción sexual, cerebral, social y humana.

«En este tipo de actos, es frecuente el uso de drogas sintéticas y químicas. La mefedrona y metanfetamina, por ejemplo, son sustancias que tienden a generar la pérdida de orientación, espacio y tiempo especialmente, en quien la consume, así como inquietud psicomotriz y taquipsiquia, es decir, exceso de generación de ideas en un espacio corto de tiempo», expresó Carlos Pol Bravo.

El médico también enfatizó en la gran preocupación que hay por parte de las autoridades españolas, ya que según las investigaciones realizadas, se pudo establecer que esta práctica es común en grandes ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia.

Además, quienes la llevan a cabo, son personas mayores de 25 años, con un alto nivel académico, quienes habían superado una etapa de adicción a las drogas durante su primera juventud. La mezcla de drogas sintéticas y sexo desenfrenado, trae consecuencias que pueden terminar en la muerte de quienes lo practican.

Enfermedades de transmisión sexual, alteraciones psicológicas, neurológicas, que pueden generar acciones como movimientos involuntarios, perdida de la sensibilidad y casos de sobredosis, por la pérdida de la noción del tiempo y espacio.

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