Ansiosexualidad, el asfixiante bucle por el que pensar en sexo solo provoca estrés

El orgasmo es casi terapéutico, una explosión de hormonas que produce una “adictiva” sensación de paz y relajación. No es casualidad que el sexo sea un camino habitual hacia la calma, una manera excelente de reducir la ansiedad y rebajar el estrés del día a día. Pero ni en eso se puede generalizar; hay para quien el sexo no es un calmante sino todo lo contrario. A algunas personas pensar en el acto sexual les produce ansiedad, o la ansiedad y el estrés diarios les impide tener relaciones sexuales. El bloqueo de los ansiosexuales es total.

Y es fácil que el problema se enquiste. “Solo es necesario que te ocurra una vez para que la experiencia emocional se asocie al fatídico momento y tu respuesta corporal se vuelva a repetir en el futuro, casi de manera automática, retroalimentando un bucle”, explica la sexóloga María Esclapez en su libro Ama tu sexo (Bruguera, 2020). Ante el recuerdo de esa mala experiencia, la persona sufre una ansiedad anticipatoria que le lleva a bloquearse ante la mera idea de mantener relaciones sexuales.

Es lo que le pasa a Liliana. El sexo siempre había sido uno de los puntos fuertes de la relación que mantiene desde hace 7 años, pero últimamente se ha convertido en un quebradero de cabeza. “Llevo meses en un ERTE y cada día me cuesta más gestionar la incertidumbre, no puedo pensar en otra cosa, ni si quiera cuando estoy con mi pareja”. Esos pensamientos le han llevado a perder el deseo hasta consigo misma. “Intento volver a hacer las cosas de antes, pero la situación es totalmente forzada, me pongo más nerviosa”.

Así es cómo funciona la ansiosexualidad, un término que «hace referencia a aquellas personas que no son capaces de aparcar su estrés para desarrollar su deseo, sino que, al intentar minimizarlo, centran toda su atención en él”, explica la sexóloga Judith Viudes. Según la especialista, este problema pasa especial factura a parejas estables como la de Liliana. “Acaban evitando hasta los besos y el cariño, anticipando que esos gestos son el preludio a poder ir más allá. Directamente los rechazan”, lo que acaba por alejar a la pareja.

Una cuestión de autoestima y educación sexual

Hay casos en los que esta relación entre el sexo y la ansiedad lleva toda una vida fraguándose. Es el caso de Mara, de 31 años, soltera pero con varias relaciones estables a su espalda. “Desde pequeña compartí habitación con mis hermanas, por lo que nunca tuve tiempo para descubrirme. Además me educaron en el tabú de que la sexualidad era algo sucio, quizá por eso nunca la he visto como algo natural con mis parejas”.

Para Mara, el sexo era un trance al que tenía que enfrentarse, no una necesidad que le surgiera de dentro. “Sí he sentido deseo, pero el hecho de vivirlo siempre con esa ansiedad me ha hecho dejar el sexo en un segundo plano. Esto se me ha hecho cada vez más cuesta arriba con el paso de los años, sobre todo al intentar tener sexo ocasional”, admite.

Los expertos afirman que este tipo de situaciones siempre han sido habituales en sus consultas, y que muchas están relacionadas con cuestiones de una mala educación sexual o baja autoestima. Pero otras son una consecuencia del estrés. “El bajo deseo sexual, la inapetencia, el desinterés por lo erótico… muchas veces van anclados a otro tipo de problemas externos de otras áreas de la vida”, explica Viudes.

Según el sexólogo Iván Rotella, en su centro cada vez aparecen más hombres con este problema. Todos responden a un perfil muy parecido. “Suelen ser hombres con pareja estable que un día, después de tener una relación en principio satisfactoria para ambas personas, se quedan pensando y deciden unilateralmente que su respuesta sexual no ha estado como siempre”. En este caso, el problema de fondo suele ser la autoestima. “Su atención a su pene es infinitamente superior a la atención a su pareja, a jugar, a disfrutar, y acaba generándose una dificultad de erección”.

El bucle no es para siempre

Los motivos que inducen la ansiosexualidad son tan diversos como las personas, pero al final todo el mundo acaba en el mismo bucle. La buena noticia es que se puede salir de él. “Primero hay que estudiar cada caso en particular, pero todo empieza por aprender a trabajar el control del estrés y la ansiedad en aquellas facetas que lo provocan”, aclara Viudes. No es lo mismo afrontar un episodio desagradable de la infancia que el estrés del trabajo en el día a día.

“Siempre tendremos que trabajar la parte cognitiva”, es decir, analizar de dónde viene esa reacción de estrés, pero también es posible trabajar con el cuerpo: “Solemos recurrir a técnicas de relajación, con tensión y distensión muscular, y técnicas de visualización”. Una vez que tenemos el control llega la hora de reconstruir el repertorio erótico de cada persona o relación, y «es cuando podría entrar en terapia la pareja” porque es con ambos con quien suele ser necesario replantear los mitos y tabús de una inexistente educación sexual. Los resultados suelen empezar a percibirse a los pocos meses, pero eso depende de cada caso. Lo que no cambia es la casilla de llegada: un orgasmo casi terapéutico, una explosión de hormonas que produce una “adictiva” sensación de paz y relajación.

Notiespartano

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