Un NO rotundo les dará el pueblo a los tramposos por Morel Rodríguez Ávila

La democracia, abierta como lo es permite la confrontación, dentro del marco del respeto a la pluralidad y a la dignidad también de la persona, dejando campo abierto a la discusión de las ideas, al planteamiento de las soluciones que se crean más convenientes a la dura problemática que atraviesan los pueblos y, por supuesto facilita el respaldarlas, siempre y cuando a lo propuesto lo caracterice la debida seriedad y responsabilidad y, en caso del rechazo, que la argumentación sustancial, la explicación mejor sea la que prevalezca. 

Es la democracia el mejor escenario para clarificar posiciones, para definir el camino que deba seguirse en cuanto a la búsqueda del inmediato porvenir nacional, regional y local, e igualmente para asegurar que sea el bienestar del colectivo el interés a defender y no lo personal, lo grupal, lo partidario y lo ideológico. Los pueblos, en democracia, es cuando logran la mayor suma de progreso, porque el compromiso que se asume lo asienta un sentimiento mayoritario, una aspiración general, y hacia ese único objetivo se dirige toda voluntad y todo esfuerzo. 

Eso es lo que se requiere en estos días, visto como está el panorama, ya menos enrarecido, una vez que los asambleístas dieran formal inicio al proceso constitucional de elegir el nuevo rectorado del Consejo Nacional Electoral. Y eso es lo que los venezolanos, en inmensa mayoría anhelan: que se realicen en franca paz, en estricto apego a la legalidad y en forma transparente, la elección de gobernadores, y ojalá al mismo tiempo la de alcaldes y de concejales. 

Si bien la democracia posibilita que las buenas acciones a favor del entendimiento se traduzcan en hecho concreto, vía diálogo, por ejemplo, lo que corresponde a los tirios y troyanos es arribar, tan sólo, a la manera de llevarlo a la práctica y sentados a la mesa de las conversaciones, con agenda previamente conocida por la opinión pública, dirimir de modo exhaustivo cada uno de los temas.  

Por supuesto, jugando a pleno mediodía, como gente honrada, conocedora de las reglas, respetuosa por lo demás y conscientes del severo compromiso que han contraído con la historia, el de tener entre sus manos el inmediato destino nacional. 

Es de este modo que los pueblos solucionan sus conflictos, con la voz, con la palabra; no con el ruido infernal de los cañones, menos el odio y resentimiento, sí con la paz como norte, el crecimiento espiritual y la mano siempre dispuesta para el abrazo fraternal. 

Y es la democracia, desde luego, el único sistema que mejor garantiza lo netamente electoral, que procura mediante el ejercicio, muy sagrado, el del voto, la solución o cambios que los pueblos precisan en la conducción de sus destinos. 

Desde luego, sin vivezas, sin acorralamientos, sin presiones, sin trampas.  

Para que nada de lo arriba descrito se suceda, están las instituciones. 

De allí que nos hayamos empeñado en que sea el nuevo CNE el organismo que convoque, si acaso el consenso no se diese, las llamadas primarias para la elección de candidatos a gobernadores por el lado democrático, previendo que algunos quieran trastocar votos por barajas, acostumbrados como están a jugar con cartas marcadas en cualquier garito.

MorelRodríguezAvila/@MorelRodríguezA

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