ANÁLISIS-Cómo Biden puede usar la política exterior y comercial para proteger el Amazonas

Por Anastasia Moloney y Fabio Teixeira

BOGOTÁ/RÍO DE JANEIRO, 18 feb (Thomson Reuters Foundation) – Mientras el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, elabora su programa sobre el cambio climático para el escenario mundial, las políticas exteriores y comerciales también le podrían servir para abordar el espinoso problema de la creciente deforestación en la Amazonía, según investigadores y antiguos funcionarios.

Un decreto de Biden en enero para hacer frente a la «profunda crisis climática» pedía a los funcionarios que elaboraran un «plan para promover la protección de la selva amazónica y otros ecosistemas críticos que sirven de reservas globales de carbono».

Durante su campaña electoral, Biden también planteó la posibilidad de movilizar 20.000 millones de dólares para salvaguardar la Amazonía.

Académicos de 10 universidades estadounidenses y brasileñas, junto con grupos ecologistas, respaldaron el mes pasado un informe sobre el modo en que Biden debería tratar con Brasil, aconsejando al presidente que limite las importaciones de materias primas mediante un decreto.

Pidieron que la política estadounidense bloquee las mercancías relacionadas con la destrucción de los bosques -principalmente la carne de vacuno, la soja y la madera- procedentes de Brasil, que alberga aproximadamente el 60% de la Amazonía y donde la deforestación va en aumento.

«Estados Unidos tiene una responsabilidad y contribuye indirectamente a la deforestación en Brasil», acusó Mariana Mota, coordinadora de políticas públicas de Greenpeace Brasil.

«Así que lo más importante (…) es que estos productos no tengan libre acceso (a Estados Unidos)».

La protección de las selvas tropicales se considera un mecanismo de protección vital contra el calentamiento global debido a que absorben grandes cantidades de dióxido de carbono, un gas que calientan el planeta.

Pero la tala de la Amazonía para la agricultura, la minería y otras actividades comerciales está socavando su capacidad de actuar como depósito de carbono, advierten científicos.

La deforestación en la Amazonía brasileña alcanzó en 2020 un máximo de 12 años, según datos gubernamentales publicados en noviembre.

Adjuntar condiciones que ayuden a preservar la Amazonía a temas de política exterior que preocupan al presidente derechista de Brasil, Jair Bolsonaro, también podría ser eficaz, dijeron los expertos.

El apoyo de Estados Unidos a la candidatura de Brasil para ingresar en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, por ejemplo, debería estar vinculado a un compromiso más firme de Brasil para proteger sus bosques, sus recursos y su gente, sostuvo Nara Baré, coordinadora de COIAB, el grupo que reúne a más tribus indígenas amazónicas de Brasil.

PAGAR PARA PROTEGER

Gracias a la financiación de Noruega, países como Brasil, Colombia y Perú han recibido cientos de millones de dólares en los últimos años por las emisiones evitadas gracias a la lucha contra la tala ilegal de bosques en la Amazonía.

Algunos expertos en financiación del clima afirman que Estados Unidos podría ayudar a promover los «pagos basados en resultados».

Pero Carlos Rittl, ex secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, una red sin ánimo de lucro que tiene su sede en Brasil, puso en duda la eficacia de los incentivos económicos para este país.

«No es la falta de dinero lo que impide al gobierno de Bolsonaro proteger la Amazonía».

Los ecologistas afirman que las políticas de Bolsonaro han debilitado los esfuerzos de conservación y su retórica alienta a ganaderos ilegales, madereros y especuladores de tierras a talar la selva amazónica para ampliar sus negocios.

En Estados Unidos, un grupo bipartidista de exfuncionarios estadounidense y negociadores de pactos sobre el clima esbozaron recientemente recomendaciones políticas al gobierno de Biden sobre la mejor manera de proteger la selva amazónica.

El grupo Climate Principals abogó por una «diplomacia sólida» que incluya el compromiso de Estados Unidos con Brasil y la provisión de nuevos incentivos económicos para limitar la deforestación.

Recomendaron que el Congreso amplíe la Ley Lacey -que ya prohíbe la importación de fauna, flora y madera traficadas ilegalmente- para prohibir la importación de productos agrícolas cultivados en tierras deforestadas ilegalmente.

Reino Unido está planeando presentar una legislación similar.

Según el grupo estadounidense, también debería usarse la financiación privada y pública y los sistemas de pago «basados en resultados» para la reducción probada de las emisiones con el fin de reforzar la conservación de los bosques.

Además, pidió leyes que obliguen a las empresas agrícolas y de bienes de consumo estadounidenses a investigar e informar sobre la deforestación en sus cadenas de suministro, y una prohibición de las importaciones de productos procedentes de tierras deforestadas ilegalmente en futuros acuerdos comerciales.

El miembro del grupo Frank Loy, exsubsecretario de Estado para Asuntos Globales y principal negociador de Estados Unidos en materia de clima durante la presidencia de Bill Clinton, afirmó que el equipo de Biden intensificará la diplomacia para abordar el cambio climático y la deforestación.

«Es probable que la administración de Biden sea muy activa para intentar ayudar a Brasil a ser responsable en el desarrollo de la Amazonía», dijo Loy a la Fundación Thomson Reuters.

«Espero que Brasil sea bastante diligente en la protección de la soberanía de su papel en la selva amazónica, pero no espero que sea totalmente inhóspito a los movimientos estadounidenses y otros para abordar el problema del cambio climático», agregó.

Una carta de Bolsonaro a Biden en su toma de posesión señalaba el compromiso de Brasil con el Acuerdo de París, la energía limpia y la protección del medio ambiente, incluida la Amazonía.

Y esta semana los ministros de Relaciones Exteriores y de Medio Ambiente de Brasil mantuvieron una reunión virtual con el enviado de Estados Unidos para el clima, John Kerry, en la que acordaron profundizar la cooperación en materia de cambio climático y lucha contra la deforestación, según un comunicado de Brasil.

Loy apuntó que Biden también podría explorar la ampliación de la legislación estadounidense existente sobre los canjes de «deuda por clima», en los que se perdona una parte de la deuda externa a cambio de dedicar esos recursos a la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Otra fuente de financiación para la protección de los bosques tropicales podrían ser los ingresos procedentes de un impuesto sobre el carbono -una tasa que pagan las empresas cuando contaminan- si el Congreso de Estados Unidos puede «aunar voluntades» para imponer el impuesto, añadió.

El gobierno de Estados Unidos tiene previsto publicar planes más concretos para combatir el cambio climático antes de la reunión de los principales países emisores que Biden convocará a finales de abril.

(Reporte de Anastasia Moloney en Bogota y Fabio Teixeira en Río de Janeiro; editado en español por Javier López de Lérida. La Fundación Thomson Reuters es una unidad de Thomson Reuters que cubre temas humanitarios, conflictos, derechos humanos, asuntos de igualdad de género y de cambio climático. Visite http://news.trust.org para acceder a más artículos.)

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