Qué es la tensión sexual no resuelta

Cuando hablamos de tensión sexual no resuelta, se nos vienen muchas cosas a la mente: insatisfacción sexual, orientación sexual no asumida o reprimida y hasta posibles problemas para disfrutar y gozar de las prácticas sexuales. La realidad es que nada de eso tiene que ver con este término que hace décadas vemos en los contenidos de las pantallas chicas y grandes, sin siquiera ser conscientes de ello.

La TSNR es, de hecho, la gran estrategia de enganche de las películas y series románticas que vemos a diario. Ese juego de placer a cuentagotas –pero sin concreción del acto sexual deseado- o simplemente, anhelar lo prohibido. Se trata de ese eterno aplazamiento que nos deja atontados, pensando o fantaseando cómo sería si… Y el encanto, justamente, está en ese “equis” componente de imposibilidad que hace que el deseo real termine convirtiéndose en un histeriqueo acumulado que puede ser perjudicial para la salud, tanto para los protagonistas como para los espectadores. Un ejemplo de ficción sobre esto podría ser la relación entre James Bond y la secretaria Moneypenny.

La realidad es que la tensión sexual no resuelta no deja de ser eso a lo que habitualmente llamamos “química”, una fuerte atracción entre dos personas que siempre es bidireccional y recíproca. El problema es que, a este trastorno, se le añade un componente de prohibición e imposibilidad. Por algún motivo o factor externo, algo hace que estas dos personas no puedan estar juntas y concretar el acto sexual. Un caso habitual de tensión sexual es cuando hay una fuerte atracción entre un jefe/a y su empleada/o, y por motivo de status o edad, no pueden (o evitan) tener contacto físico. Cuanto más tiempo pasa -y si la atracción persiste- más intensa es la tensión sexual entre ambos. Y, si bien suena a un interesante juego de seducción, puede terminar generando daños psíquicos en los involucrados.

La psicóloga y sexóloga clínica, Viviana Wapñarsky (M.N 24.433), explicó lo siguiente: “La TSNR pueden significar dos cosas diferentes: la tensión sexual entre dos personas que se gustan, se buscan y tienen ganas de estar juntas, pero no terminan de concretar. Que cada vez que se ven, perciben una tensión, una energía por donde pueden llegar a conectar. La segunda opción, tiene que ver con la respuesta sexual, que es deseo, excitación y orgasmo. Este último, lo que hace es liberar toda esa tensión sexual que se fue acumulando durante el proceso de seducción o el inicio del acto sexual. El deseo son las ganas. La excitación, todo ese juego que va acumulando y acumulando tensión, que finalmente se libera mediante el orgasmo”.

En ese sentido, la sexóloga añadió: “En los hombres, esa tensión se libera mediante la eyaculación y en las mujeres, puede ser a través del orgasmo o con el paso del tiempo. Por eso, me gusta hablar más de satisfacción sexual que de orgasmo. Fisiológicamente, lo que pasa es que se va concentrando la sangre en la zona genital y lo que hace es que esta tensión acumulada se libere a partir de distintas contracciones que en los hombres es la eyaculación y en las mujeres el orgasmo o palpitaciones en la vulva”.

Para la especialista, esta tensión sexual sucede entre personas de cualquier edad, género u orientación sexual. “Muchas veces lo prohibido genera atracción y pasa esto de que, hasta que no se toman cartas en el asunto, la tensión va creciendo, se va acumulando y sigue estando presente. Una decisión es no ver más a la persona y la otra, avanzar. La tensión sexual suele ser recíproca y puede generarse entre dos o más personas. Cuando se concreta el acto sexual, es muy liberador”, precisó.

En relación con lo anterior -y de acuerdo con diferentes especialistas-, la TSNR se supera rápidamente con un encuentro íntimo y habitualmente pasa a la historia. También puede ocurrir que se despierten otros sentimientos, pero su razón de ser es sentir una atracción muy fuerte por alguien que, de antemano, sabemos que no va a poder satisfacernos. Es justamente la insatisfacción lo que lleva a esta tensión a mantenerse latente y ser cada vez más fuerte.

Me gustas, pero no te soporto

Otra opción muy habitual es que la TSNR suceda entre dos personas que no se soportan y cuya relación sea como perro y gato, aunque exista una atracción oculta. Esto, en general, sucede cuando nos seduce alguien que tiene prejuicios con uno o trato un poco distante. Es una especie de enamoramiento entre dos personas que no quieren ceder. La cuestión es que, más allá del tire y afloje, la tensión sexual deja de ser no resuelta cuando se consuma el acto sexual.

Fantasía sexual vs. tentación sexual

La fantasía comienza y suele acabar en nuestra mente. Es algo que se aleja de nuestras posibilidades o de nuestro entorno cotidiano, aunque igualmente es posible llevarla a cabo. En cambio, la tentación sexual es algo más cercano, más real y posible. Generalmente, es algo próximo y alcanzable. Por ende, podríamos decir que la fantasía es la parte intelectual y la tentación, la ejecución.

Cuando hablamos de las relaciones y deseos sexuales, siempre existen dos vertientes: la puramente biológica -que nos permitiría hacer todo lo que quisiésemos- y la cultural, que moraliza, inhibe y coarta esa libertad natural.

Las tradiciones, las normas morales, religiosas, las reglas civiles, las instituciones como el noviazgo, el matrimonio o la familia marcan los límites de lo bueno, lo malo, lo aceptable, lo transgresor, lo anormal y lo no tanto. Es por eso que las tentaciones vienen dadas por la atracción hacia lo prohibido, basado en el impulso innato del hombre de aventurarse hacia nuevos conocimientos y experiencias.

El psicoanalista y bioquímico británico Michael Belint explicó la apetencia del ser humano por el “lado oscuro” gracias al miedo consciente. Este tipo de miedo es el que podríamos denominar “controlable”, es decir, que no hace daño y del que podríamos obtener una satisfacción. Un ejemplo es cuando no nos animamos a hacer algo pero, una vez hecho, nos damos cuenta de que nos generó placer.

En realidad, esa satisfacción viene por varias razones. Una de ellas es la de dar el paso adelante para hacer algo que consideramos poco conveniente o riesgoso, pero que en definitiva termina valiendo la pena. Parece que hay una base biológica en las personas que se arriesgan y que gozan con la aventura. Y eso podría deberse a una determinada manifestación del gen D4DR, relacionada con el peligro y el gusto por el riesgo.

Esa tensión, en ocasiones bidireccional, es lo que se ha descrito con el acrónimo de TSNR donde se junta el deseo hacia lo prohibido (o no adecuado) y el deseo hacia lo que pensamos que no deseamos. Quizás entonces, la solución a esto sea simplemente adentrarse a la aventura. Como decía Oscar Wilde: “Las tentaciones se vencen cayendo en ellas”.

Notiespartano

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