Salar de Uyuni: domos que se unen con el cielo, lagunas coloradas y volcanes

Las ofertas son variadas, desde lo más lujoso hasta lo más modesto. Este destino boliviano se adapta a las nuevas normas de bioseguridad con precios especiales.

El turismo es una de las actividades que más moviliza personas y que, a su vez, genera mayores recursos económicos a nivel mundial. Sin embargo, desde que llegó la pandemia también fue de los rubros  que paró primero y de los que más tardó en retomar funciones. Con un panorama incierto sobre el futuro del coronavirus COVID-19, la población se adaptó a la nueva normalidad y encontró la forma de seguir la vida, pese a las restricciones. Además, el encierro durante varios meses generó un impulso para despejar la mente y reecontrarse con la naturaleza.

Bolivia es uno de los países con más atractivos turísticos de Sudamérica, pero, sin duda, entre los destinos que más destaca está el salar de Uyuni, considerado como el desierto de sal más grande y alto del mundo, con una extensión de 10.582 kilómetros cuadrados, a 3.650 metros sobre el nivel del mar. Ahora, el lugar retoma el turismo de una forma diferente, con medidas de bioseguridad y paquetes especiales, con el afán de superar esta etapa y mantener a flote el rubro, que fomenta la economía nacional y genera cientos de empleos directos e indirectos.

Las ofertas son variadas y para todo bolsillo. Desde lo más lujoso hasta lo más modesto. Estos son algunos de los lugares que se pueden visitar para disfrutar del paisaje y reencontrarse con la naturaleza.

KACHI LODGE, DOMOS QUE CONECTAN CON EL CIELO

Amazing Escapes es una empresa de viajes que desarrolló a lo largo de los años una sólida reputación por proporcionar experiencias inimaginables y de vanguardia. Bajo ese concepto, crearon Kachi Lodge, una oferta de lujo para conocer el salar.

Estos domos, con forma de iglú, funcionan con energía solar y ofrecen al visitante la comodidad de una habitación de hotel de cinco estrellas. Todas estas estructuras están elevadas sobre una plataforma de madera emplazada encima de la superficie salada. De acuerdo a los propietarios, este diseño tiene la finalidad de proteger la naturaleza que se encuentra debajo y asegura que el albergue pueda permanecer abierto durante la temporada de lluvias, justo cuando el salar se convierte en un acuoso espejo que refleja las vastas extensiones del cielo boliviano.

Dentro de la cápsula hay una habitación, que está equipada con una pantalla de madera para proteger el área de la ducha, los lavados de cerámica y el baño. El piso está cubierto de una suave alfombra. Todo fue hecho por el dúo suizo de decoradoras de interiores Marina Cardis y Marine Luginbuehl, y en varias partes de las habitaciones se exhiben las pinturas del boliviano Gastón Ugalde.

Amazing Escapes afirma que la decoración interior es muy acogedora, tiene una cama doble —que está situada en el centro del domo, precisamente para ofrecer la mejor vista—, un baúl de madera al lado para guardar las linternas, dos taburetes y una pequeña escalera.

Existen muchas opciones para sacar el máximo partido de esta experiencia en el salar. Además de toda la aventura que conlleva pasar la noche en las cápsulas, también se puede hacer una caminata por la mañana a una isla cercana, que está cubierta de cactus gigantes y con paisajes increíbles. Por la tarde, los turistas podrán visitar al encantador pueblo de Coquesa y sus momias, las que se encuentran dentro de una cueva a 600 metros del pueblo.

Otro lugar es el sitio arquelógico Alcaya, que se encuentra a aproximadamente a 1 hora y 15 minutos de viaje en auto. Es una antigua ciudad precolombina cerca de Salinas. En este lugar los más aventureros pueden caminar hasta el borde inferior del cráter del volcán Tunupa, que contempla imponente desde la altura la llanura donde se asientan los domos.

En el camino se puede realizar una parada a las salinas, para que el turista comprenda cómo los lugareños recolectan la sal de la superficie.

Y como no podía faltar, por la noche un telescopio estará a disposición de los viajeros para observar el cielo estrellado del Altiplano. No podría ser para menos debido a que una de las premisas del viaje es estar “más cerca de la luna”.

El paquete actual de tres días y dos noches para dos personas incluye alimentación completa estilo gourmet, todas las actividades turísticas, guía, chofer y traslado privado al precio de 2.640 dólares.

Ahora las posibilidades de pasar un momento íntimo, en contacto con la naturaleza y cerca del infinito universo se hacen tangibles.

PALACIO DE SAL Y JARDÍNES DE UYUNI 

“Nos dimos cuenta que teníamos que cambiar el chip y adaptarnos a la nueva realidad pospandemia”, describe Juan Gabriel Quesada, gerente de Hidalgo Corp, una empresa que ofrece una gama de servicios turísticos completo mediante todas sus marcas, Hidalgo Tours, hotel Palacio de Sal, hotel Jardínes de Uyuni y el restaurante Tika.

Son especialistas en el recorrido por el salar y en brindar atención de primera a los turistas. De hecho, el Palacio de Sal es el primer hotel cinco estrellas hecho totalmente del mineral predilecto de Uyuni.

Quesada comenta que antes de la crisis sanitaria se enfocaban en los turistas extranjeros, sobre todo aquellos provenientes de Europa, Estados Unidos y Asia, y no así en los bolivianos. Incluso, la forma de contactarse con ellos era distinta, no había una relación directa, sino a través de intermediarios o agencias externas; sin embargo, la pandemia cambió la forma de concebir al viajero. “Viendo que el turismo internacional iba a tener una lentitud en su recuperación, pues la única manera de sobrevivir era enfocarnos en el turismo nacional. Si había que traer japoneses a Bolivia, nosotros conocíamos la forma, el marketing y todo, pero del boliviano no, entonces empezamos a investigar el comportamiento, sus requerimientos”, cuenta.

Descubrieron que los turistas del país prefieren quedarse en el hotel y disfrutar los espacios, a diferencia de los extranjeros que buscan más actividades en el salar. Una de las cosas que más cambió luego del brote de la COVID-19 fue el contacto con los clientes, ahora es más directo, tuvieron que capacitar a su equipo de marketing para atender a las personas vía online y redes sociales, como Facebook, Instagram y WhatsApp. “Nos tomó tiempo entender cómo funcionan las redes sociales y los turistas, específicamente el boliviano”.

Quesada explica que ahora los turistas buscan destinos al aire libre, que no sean aglomerados, y el salar es una gran opción. Asimismo, la seguridad y la salud es un requisito indispensable para el viajero. “Hemos visto que la gente está desesperada por viajar para desestresarse”. Antes, el 90% de los clientes tenía arriba de 55 años, pero ahora tienen entre 25 a 40, eso les obligó a reajustar las actividades y los planes que ofertan.

Cambiar el público al que se dirigen también implicó que reajusten sus precios y hagan descuentos que vayan acorde al bolsillo nacional.

Asimismo, un aspecto fundamental fue implementar todas las medidas de bioseguridad para continuar con su trabajo y darle las garantías al cliente para que disfrute al máximo su viaje. Por ello, contrataron una empresa española que hizo todos los protocolos y los trabajaron durante cinco meses. “Eso también nos dio la tranquilidad de decirle al cliente que el salar es un lugar seguro. Gracias a Dios nos dio muy buenos resultados el cambio de chip y eso nos está llevando a tener más movimiento”, dice Quesada.

El Palacio de Sal ofrece un paquete de tres días y dos noches, que incluye habitación doble estándar, alimentación, transporte completo y traslado a los lugares turísticos, como el cementerio de trenes, visita al pueblo de Colchani, artesanías locales, el gran salar, ojos de agua, montículos de sal, playa blanca y el monumento al Dakar. Además, también es parte del plan un kit de bioseguridad, juguetes para fotografías, y, en el hotel, el visitante podrá disfrutar de la piscina temperada, gimnasio y sala de juegos, a un costo de 299 dólares por persona.

En cambio, el paquete en el hotel Jardínes de Uyuni, con características similares al anterior, tiene un costo de 239 dólares por persona.

La pandemia y las múltiples restricciones afectaron su rubro de gran manera, pero continúan con el trabajo de salir adelante. El Gerente asegura que Hidalgo Corp es una familia y se mantuvieron unidos durante la crisis para salir a flote. Comenta que, incluso, adquirieron créditos para pagar sueldos y no despedir a ninguno de los 120 empleados que dependen de ellos.

“Hacer turismo en Bolivia es un reto en todo sentido y por eso está enfocado en la aventura y más ahora en la pandemia”, afirma Quesada.

TAKUARAL TOURS, UNA AVENTURA ÚNICA EN EL SALAR 

Uyuni genera gran parte de su movimiento económico fruto del turismo. Recibir personas de todos los países se convirtió en una práctica esencial. Por ello, la suma de esfuerzo es fundamental para superar la crisis que vive este rubro. Así lo describe Fernando Flores, gerente de Takuaral Tours, una agencia experimentada en paquetes turísticos para disfrutar el salar.

Comenta que los paquetes que ellos ofrecen no cambiaron mucho, pero la diferencia principal es que ahora implementaron el servicio de movilidades privadas para resguardar la seguridad del cliente, que brinda un traslado desde Cochabamba hasta Uyuni. Al llegar al salar, las vagonetas en las que antes entraban seis personas, actualmente solo reciben a tres por las normas de bioseguridad. “Se está evitando que el turista comparta con otras personas que no conoce. Todos los vehículos cuentan con alcohol en gel, los choferes llevan barbijo, se desinfectan todas las movilidades”, indica.

Según explica Flores, estas disposiciones hicieron que los costos subieran porque los autos llevan menos personas. En cuanto a los hoteles, afirma que solo trabajan con aquellos que tienen la certificación de bioseguridad frente a la pandemia.

Entre los paquetes que oferta Takuaral tiene uno de tres días y dos noches, que incluye el trasporte desde el domicilio del cliente hasta Uyuni, pasando primero por Oruro. Una vez en el salar se realiza el paseo por el cementerio de trenes, el pueblo de Colchani, las fábricas, los montículos y ojos de sal, y el monumento al Dakar. El costo oscila entre los 360 y 440 dólares, según el hotel que elija el turista.

Otro paquete es el de cuatro días y tres noches, que es similar al anterior, pero se aumenta la visita a las lagunas andinas.

Flores explica que ahora el incentivo para los clientes es la bioseguridad, poder disfrutar de la gran majestuosidad del salar con todas las medidas de cuidado.

“Lo que ofrecemos es seguridad y que la gente conozca el atractivo sin ese miedo de contagiarse o que pase algo. Hago hincapié en el tema del cuidado”, describe.

Al igual que a todos, la crisis sanitaria los afectó, están en proceso de levantarse y hacer lo posible para seguir en el rubro. “El año pasado ha sido prácticamente nula la actividad turística, recién desde noviembre algunos se animaron a viajar. Ahora también sigue con el rebrote”, dice.

Comenta que tuvieron que reducir personal y que otras agencias, incluso, cerraron, así que están trabajando duro para subsistir.

Sin embargo, también destaca que algo que cambió para bien es la unión entre todos los que se dedican al rubro. “Pese a todo lo malo, hay una esperanza en el sentido de que la gente siempre va a querer viajar, desestresarse, cambiar de ambiente, y lo que más buscan es el campo abierto y el contacto con la naturaleza”.

La apuesta para preservar el turismo pese a la pandemia es clave para mantener en pie la economía nacional. Las ofertan continúan y ahora se adaptan a la nueva realidad.

Notiespartano

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