El poder del pudor a afrontar la sexualidad en personas con autismo

¿Cuántas personas de las que están leyendo ahora mismo este artículo han hablado de su sexualidad de manera explícita con sus padres o con sus hijos, sobre cómo afrontarlo o incluso sobre la masturbación y cómo se hace? Probablemente muy pocos. Y seguro que además lo primero que les habrá venido a la mente ante esta pregunta es la sensación de qué vergüenza.

Ese es el principal problema al que se enfrentan muchos padres que tienen niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o discapacidad intelectual. Y es que si bien la sexualidad es algo natural, también se convierte en un tema sobre el que se suele aprender fuera del ámbito paterno, hablando con amigos o recurriendo a nuestro amigo que todo lo sabe, que es Internet.

Sin embargo, en las personas con TEA y discapacidad intelectual la sexualidad se tiene que entender como otro capítulo a trabajar en la vida de tu hijo, como le enseñaste a vestirse o asearse.

Mari Ángeles Navarro, como madre de un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA), siempre lo ha tenido claro. «Considero que es algo muy natural, independientemente del diagnóstico que tengan, cada uno a su manera y como pueda hacerlo, lo va a desarrollar antes o después, lo que hay que hacer es ayudarles a que entiendan lo que pasa en su cuerpo y de qué manera pueden expresar esa necesidad».

Quién pone el límite

Belén Martínez, madre de un niño con discapacidad intelectual, lo explica de manera muy directa y resumida. «El límite lo tiene que poner su mente y su cuerpo, pero no los adultos que haya a su alrededor. Tienes que tomar la sexualidad como otro proceso que les tienes que enseñar igual que les enseñaste a comer solo o a andar, es un proceso más».

En este sentido, hablar de sexualidad implica conocerse a si mismo, su cuerpo, las diferencias entre hombres y mujeres, porqué se producen situaciones de excitación y cómo gestionarlas, además de otros aspectos, que con ayuda de un profesional es más fácil afrontar.

Hace solo unos días Javier Fernández, psicólogo del centro Neuralba, centro de Neuro-rehabilitación integral, ofreció precisamente una charla sobre este tema vía online, debido a la situación sanitaria actual, abierta tanto a padres como profesionales que contó con participación tanto de personas de Almería como de fuera. Y es que aunque hay ciertos materiales sobre el tema, aún son pocas las charlas y talleres que sobre estos asuntos se ofrecen a los padres.

«Generalmente, los padres que vienen para tratar el tema de la sexualidad en sus hijos, lo hacen cuando salta la alarma. Es decir, cuando su hijo ha comenzado a tocarse y se convierte en una conducta que repite en cualquier sitio. Si el niño no se toca o no se estimula, los padres no lo consideran necesario», señala Fernández.

Cuándo comenzar

La gran pregunta sería cuándo comenzar a abordar este tema. Javier Fernández apunta que es necesario prestar mucha atención a las señales. «Si vemos que comienzan conductas de roce hay que empezar a abordar el tema». Entre los chicos se trata de algo más evidente puesto que se notará la erección, en las chicas puede pasar más desapercibido y, por tanto, los padres tienen que estar incluso más atentos.

Es en ese momento cuando habrá que guiarlos y enseñarles sobre temas como dónde, cuándo y cómo, además de trabajar el autocontrol y la higiene.

El sexo es algo natural y hay que procurar mostrarles cómo gestionar sus necesidades, su curiosidad, y si es necesario, con la ayuda de profesionales.«Se trata de un trabajo conjunto entre padres y especialistas, porque cada niño tiene su forma de ser», señala Belén Martínez.

En este sentido, esta madre explica que su marido y ella comenzaron con apoyo profesional cuando su hijo tenía unos 10 años. «Empezamos a evaluar los cambios hormonales en su cuerpo. Nuestro hijo comenzaba a tener pequeñas erecciones, no las controlaba y se sentía frustrado porque no entendía por qué le pasaba. Fue entonces cuando nos planteamos cómo ir guiándolo y recurrimos a un profesional para trabajar de manera conjunta, porque la sexualidad tiene muchas etapas». Una decisión que valoran como muy acertada y, de hecho, después de dos años continúan trabajando este tema junto al centro Neuralba.

Específicos con el lenguaje

En este sentido, es fundamental enseñarles que hay conductas que hay que hacerlas en privado. Pero cuidado con el lenguaje, porque las personas con TEA y discapacidad intelectual entienden el lenguaje de manera literal, por lo que hay que ser muy específico.

Las personas con autismo tienen que enfrentarse a la interpretación de los códigos de comportamiento sociales y no entienden los dobles sentidos, ni la ironía u otros gestos de la comunicación interpersonal que las personas neurotípicas asumen de manera natural.

Es por ello que es muy importante el lenguaje que se usa a la hora de marcar las pautas.

En este sentido, Javier Fernández, psicólogo en Neuralba, apunta el caso de una persona adulta. «Se le explicó que tenía que masturbarse en privado. Un día estaba en su despacho y alguien entró y lo encontró masturbándose, se montó un lío tremendo, pero él señaló a la puerta y había un cartel que ponía privado. Son personas que entienden el lenguaje de manera literal».

De esta manera, Fernández explica que «todo tiene que estar muy estructurado y saber de qué manera tienen que actuar en cada situación. Generalmente lo entienden. Si sabiendo que no pueden hacerlo lo hacen, entonces es un problema de conducta y no de autocontrol, porque pueden autocontrolarse».

Asimismo, se les dan herramientas y trucos para que cuando se excitan lo controlen.

Y es que no entender la sexualidad de una manera natural y obviar el tema o intentar evitar esas conductas en los menores puede llevar a situaciones de estrés, ansiedad o frustración e incluso autoagresiones, que con una buena educación sobre el tema se evita.

«Yo entiendo que la sexualidad es algo normal y considero que hay veces que tienes la necesidad y si no le pones solución te pones nervioso incluso de mal humor y cuando tienes relaciones te liberas. En ellos sucede igual», indica Mari Ángeles Navarro.

En este mismo sentido, Javier Fernández, señala que «ya no solo se trata de la ansiedad que se genera, sino que la tensión y en el caso de los hombres el dolor testicular que genera una continua excitación a la que no se le da salida, puede llegar a un dolor tremendo e incluso a terminar en el Hospital».

Notiespartano

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