Nuestra responsabilidad como políticos y ciudadanos por Morel Rodríguez A

El liderazgo en cualquier organización, no importa su objetivo, tamaño e importancia, se gana siempre a base de esfuerzo constante, eficaz y, sobre todo, presentando buenos resultados. La tarea de dirigir obliga al trabajo diario, sin pausa, de entrega total, sorteando toda clase de dificultades, afirmando sobre bases reales planes y programas, con las debidas estrategias surgidas del diálogo permanente con el colectivo, cuál el mejor de los caminos para el encuentro de la mayor suma de bienestar en todo sentido para quienes integran la comunidad local, regional o nacional donde ese líder actúa.  

Es, asimismo, una obligación irrenunciable, que se traduzca, sin lugar a dudas, en la sinceridad de responder al compromiso, de honrar la palabra que se empeña, de dar ejemplo. Entender que el liderazgo, si bien es un reconocimiento que se alcanza, dado por las mayorías, nunca puede ser empleado como instrumento para el endiosamiento, menos utilizarlo como patente de corso que facilite el crecimiento. No. El liderazgo se va construyendo, paso a paso. Al tiempo que la experiencia forma, el carácter se acera y su reflejo sea siempre positivo, creador y cada vez más humanista, ese dirigente se convierte en líder. Una trayectoria de años que se fortalece en cada acción diaria a favor de todas y de todos. 

Enorme, entonces, la responsabilidad que asume el líder ante el escenario en donde actúa. Su palabra construyendo un mensaje claro, realista, positivo implica el compromiso y el compromiso para ese líder tiene que ser inamovible, recio, honesto y en extremo sincero. Cumplirlo, el reto. Y, como he dicho en muchos de mis artículos semanales, que difunden los medios, lo cual agradezco, en estos tiempos duros, difíciles y de tanta incertidumbre, en cuanto a lo netamente político, el líder tiene que demostrar capacidad para entenderlo y saber responder a cada circunstancia con claridad meridiana por un lado y, por el otro, la honestidad y sinceridad plena de que su actitud y decisiones son las correctas.  

Divagar no es de líderes. Dar tumbos hacia uno u otro lado, menos. Y cuando a ese líder el pueblo lo lleva a cualquier instancia de poder, su primer deber es jurar que actuará responsablemente, porque quienes le eligieron le dieron su confianza creyéndole será responsable, trabajador, capacitado y honrado.  

Su imagen y papel de ciudadano, tiene que corresponderse con el ejercido como político. El mismo lineamiento e igual sinceridad en los actos. Su conducta una sola. Tan ejemplar como transparente, porque de este modo es que lo quiere ver actuar siempre la gente que le sigue. Respetuoso de la legalidad, por supuesto, y de la dignidad de las personas. No hacerlo, porque no tenga arraigo alguno hacia esos valores, lo descalifica, y correrá el riesgo, inevitable, del rechazo que, naturalmente, crecerá en la misma medida en que se ensanche la conducta negativa contraria a los valores fundamentales. 

De allí que el líder y el ciudadano tienen que ser, siempre, unidad monolítica, y así reflejarlo. El pueblo, que tiene el privilegio de conocer cuando se le es o no sincero, lo respaldará o lo rechazará. Esa es una gran verdad, incontrovertible por lo demás. 

Estas reflexiones las genera la experiencia e insisto, considero obligación precisarlas en estos días en que, lamentablemente, los valores se pierden o se negocian; cuando lo crematístico gana terreno y algunos aspirantes al liderazgo, en cualquier de sus actuaciones, lo utilizan para su personal provecho, no entendiendo que, así, están frenando su propio crecimiento y abriéndose las puertas a su salida del escenario público, para siempre. 

@MorelRodríguezA

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