Se precisan sinceros propósitos de enmienda por Morel Rodríguez Avila

El señor presidente Nicolás Maduro, al igual que en el comienzo de cada uno de los largos años de gobierno que ya lleva entre pecho y espalda, ha asegurado que el recién iniciado 2021 será el de las grandes transformaciones. En especial, ha prometido que reordenará, buscando evitar que de una vez por todas caiga en el foso, la maltratada y nada positiva economía nacional. Una promesa, se reitera, que resulta difícil de cumplir mientras sus asesores, ministros y disímiles funcionarios que, como sancocho de gallina, carne de res, de gordo cochino y pescado, cocinan medidas que, en la práctica, antes que remediar, agravan. No se pretende estar de antemano presagiando derrotas, no. Es que todo el mundo, está cansado de tanto anuncio sin sustento en realidades, más de cuento que de verdades y que huelen a simples estrategias del oficialismo, dirigidas a que los de siempre a pie, calmen su angustia y su desesperación dado el sufrimiento al que lo somete tanto la pandemia como la insoportable carestía de la vida; dejando de lado, por ahora, la igualmente grave crisis política. 

No hay un solo estudioso que respalde lo dicho por el primer magistrado de la república salvo, claro está, los de su nómina y su credo. Coinciden los no alineados con el gobierno -y no por ser opositores sino verdaderos especialistas en la materia, preocupados por lo que al país pueda ocurrirle cuando menos se espera- en señalar que el rumbo por el cual viene transitando la política gubernamental no es ni será el correcto. Afirman que la intención de convertir a Venezuela en una nación cuya ideología sea la comunista, resulta el impedimento mayor. Cuando, probado está, que tanto China y Rusia, los principales, cada día occidentalizan más lo económico porque saben que el capitalismo es más productivo, y han entendido que lo verdejamente positivo radica en esa occidentalización; en Venezuela los revolucionarios van al revés: quieren comunizarlo todo, porque el odio que sienten hacia el imperialismo estadounidense los enceguece y les impide ver la realidad con la cual mundialmente se maneja la economía mundial. 

Siempre y cuando la troika roja que copa Miraflores y domina por supuesto el área económica y financiera nacional, prosiga por la trocha y no acepte que lo obligante es transitar la senda correcta, los anuncios presidenciales antes que alegrar, asustan. Si no, pregúntenle no sólo al liderazgo sino a los integrantes del sector privado que viven aterrados pues no saben en qué momento, si por estatización o represión, tendrán que bajar sus santamaría o aceptar lo que diga el gobierno. A esta situación se agrega la decisión del presidente Maduro de implantar la Ley Anti-Bloqueo que le permitirá hacer y deshacer todo lo que quiera en materia económica; asunto tan inquietante, por su significado y pretensiones, sin consulta alguna ni menos rendición de cuentas a los de abajo, que es la nación entera.  

Hablar sobre la conveniencia o no del anunciado instrumento, que le aprobara jubilosa la extinta asamblea constituyente, requiere mucho espacio Por lo pronto, se sabe que el objetivo, expuesto por el Ejecutivo, es enfrentar las ya numerosas medidas que el gobierno de los EE.UU. le ha impuesto al gobierno de Venezuela y ganarle la partida a los que desde Washington insisten en seguir dominando al mundo. 

Nadie desconoce que el manejo de la economía es asunto en extremo serio. Y quienes lo intenten deben ser los mejores, no improvisados que, apenas por amistad o adhesiones ideológicas, son designados para gerenciar tan delicado instrumento, sin duda columna, aquí y en cualquier otra nación del planeta, del futuro del país y de su gente.  

Pero, si el liderazgo del chavismo y del madurismo no termina de admitir que los dos gobiernos, el del desaparecido presidente Hugo Rafael Chávez Frías y el presidido por Nicolás Maduro no acertaron en el debido manejo, y cometieron el error de haber rechazado tanto consejo, recomendación y propuesta que en su tiempo y circunstancia se le ofrecieron dentro y fuera de Venezuela, no se podrá hacer nada. Porque seguirá prevaleciendo la soberbia, no el interés nacional.  

De haberse escogido, entre muchas, las mejores recomendaciones, que no lesionaban en nada nuestra soberanía y sí pretendían salvar la economía venezolana, desde hace tiempo otra muy distinta, en todo sentido favorable, sería la situación y no la terrible que los venezolanos vivimos hoy en día. Hay que ver para creer, dice el sabio refrán. Agreguemos que, en esta hora, y con urgencia, lo que se precisa son sinceros propósitos de enmienda.

@MorelRodríguezA

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