¿Calidad o cantidad de contactos?

Marta se levanta a las 7:00 am, a la misma hora que su marido y sus dos hijos. A las 7:45 am, los dos niños saldrán de casa a tomar el autobús que les lleva al colegio. Cinco minutos después lo harán Marta y su pareja, cada uno hacia su trabajo. Este es el único espacio de tiempo que comparten los cuatro en toda la mañana –y en la mayor parte del día– si bien la mayoría de las veces apenas tienen opción de intercambiar unas pocas palabras. Todas las mañanas, cada miembro de la familia dedica su recién despertada atención casi por entero a su teléfono celular.

Este podría ser el comportamiento matinal habitual de cualquier familia media hoy en día, si atendemos a los resultados de los estudios que analizan el uso de las redes sociales. Más de cuatro mil millones de personas en todo el mundo utilizan redes sociales. En España, 29 millones de personas las utilizan diariamente. Las redes más usadas son Facebook, YouTube y WhatsApp.

No cabe ninguna duda de que Internet, en general, y las redes sociales, en particular, son herramientas que facilitan el contacto con otras personas. Gracias a ellas, hemos reducido la distancia que nos separa de nuestros amigos y conocidos. Ahora podemos llevarlos siempre en el bolsillo y hablar con ellos en cualquier momento y lugar. También hemos aumentado el número de contactos de nuestra agenda y de amigos de nuestros perfiles sociales, de manera que es posible interactuar con gran cantidad gente a la que nunca habíamos visto ni la cara.

Podemos decir, por tanto, que como consecuencia del uso generalizado de las redes sociales se ha incrementado la cantidad de contactos entre las personas. Lo que no está tan claro es que haya aumentado la calidad de dichas interacciones. Más bien parece que está ocurriendo lo contrario.

Contactar no es lo mismo que conectar

Contactar significa “establecer contacto con algo o alguien”. Se trata de una operación que, como hemos visto, resulta muy sencilla si se dispone de las herramientas técnicas o tecnológicas necesarias.

Por otro lado, conectar significa “lograr una buena comunicación con alguien”. Es decir, es sinónimo de comunicar, que es un proceso mucho más complicado que el de contactar. En este caso, disponer de la tecnología adecuada no garantiza que se logre llevar a cabo la comunicación.

Para que exista un proceso de comunicación, intervienen varios elementos, de sobra conocidos:

el emisor, que es la persona que inicia el proceso;

el mensaje, que contiene la información que quiere transmitir el emisor;

el receptor, que es la persona o público al que se dirige el mensaje y que a su vez dirige mensajes al emisor;

el canal, por donde fluye el mensaje;

el código o lenguaje común entre emisor y receptor;

y el contexto, que es el conjunto de circunstancias en que se produce la comunicación: lugar y tiempo, cultura del emisor y receptor, etc.

La comunicación con otras personas es una de las principales necesidades de los seres humanos, como seres sociales que somos. Sin embargo, comunicar de forma efectiva no es sencillo, porque requiere que los seis elementos mencionados estén en las condiciones adecuadas. Además, no basta con que el mensaje llegue al receptor, sino que es preciso que este lo entienda, que provoque en él algún efecto.

Se trata de ir más allá de la mera transmisión de información. La comunicación exige condensar, sintetizar, contextualizar los datos. El exceso informativo necesita filtrarse, ordenarse y transformarse en un mensaje válido para la persona a la que nos dirigimos. El receptor debe comprender esa información y debe ser comprendido por el emisor.

En palabras del sociólogo Dominique Wolton, la comunicación exige el reconocimiento de la otra persona y, para ello, emisor y receptor tienen que construir una relación entre ambos.

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