Si todos nos unimos podremos construir la nueva Venezuela, por Morel Rodríguez Ávila

Es lo que ansía la mayoría nacional. Por supuesto, los que de verdad quieren al país y por él trabajan en cualquier rincón y escenario; no han perdido la fe, menos la esperanza, y sueñan con la reconciliación, el entendimiento. Saben, están claros, que la tarea es difícil. Todavía hay mucho incrédulo. También empeñados en entrabar, de uno y otro bando, alguna propuesta, iniciativa, recomendación o llamado. Pero, estoy seguro, ganarán quienes apuestan a lo posible. Y el inmediato futuro, tanto anhelado, de verdad lo será si realmente nos empeñamos en buscarlo.

La Venezuela de hoy día es una muy complicada. Se mueve entre la pandemia que, ya estamos advertidos, viene con rebrote mucho peor, y.la crisis económica que golpea todo. Es decir, el país tiene quebrado el espinazo, y eso duele. De allí que, sufriendo como está, es obligación ayudarle a recobrar la fuerza que ha perdido, de lo contrario se agravará a extremos de muy alta peligrosidad y nos quedará a tirios y troyanos la culpa compartida por no haber hecho nada a favor del entendimiento, donde radica la verdadera cura del mal que lo está consumiendo.

Un país así resulta invivible, cuesta arriba y la muralla que separa a su gente crece y crece, amenazando con volverse imposible derribarla. Por eso hay que preocuparse y acelerar una correcta estrategia para superarla. Es decir, unificar criterios para armar las mejores iniciativas de modo que el intento se convierta en concreción del todo positiva.

No hay que perder los días que vienen tal cual sucedió en el pasado año recién ido, que nada se logró a favor de ese propósito porque privaron más los intereses partidistas, grupales y personales que los del colectivo. Aunque no podemos negar que el presidente Maduro, por ejemplo, mostró disposición a dialogar, pero, en la práctica, su aparente buena intención, para mucho analista, no pasa de ser brasa que él hala para su sardina. El lenguaje empleado a la hora de atacar al que llama enemigo y no adversario, es de gruesa ofensa. Por lo tanto, él mismo se contradice y, con su actitud, cierra la puerta. Y los que no le aplauden, sino lo rechazan, igualmente sin consideraciones, tampoco muestran interés en entenderse.

Y, si cada quien insiste en seguir por su lado y no en hacer un alto para entenderse y aceptar que en sus manos está el inmediato destino, pues el país seguirá dando tumbos en su ya casi alocada carrera hacia el barranco. Los liderazgos, el oficialista y el democrático, serán los responsables. El pueblo, que los observa, será quien los juzgue y, no se necesita ser adivino para advertir que, de continuar actuando así, dura y fuerte en todo sentido será la sentencia.

Dada la cada vez creciente indiferencia de mucho, pero mucho venezolano, hacia los partidos políticos de cualquier color e ideología, resulta prudente recordarles que el país no es propiedad suya. Por tanto, opinan los estudiosos de la situación, a todos les conviene concertar de modo que Venezuela pueda reencontrar el camino que la recupere integralmente. Porque, no lo neguemos, el país llegó mal al año que comienza.

Si nos ponemos a citar las cifras últimas con que las empresas estatales, cerraron su año fiscal -Pdvsa de primera, lamentablemente-, lo arriba afirmado constituye una campanada más –hay especialistas coincidiendo en que puede ser la última- anunciando el gran desastre. Igualmente, el sector privado ha confirmado que el 2020 fue el peor de las dos décadas que el gobierno revolucionario lleva en el gobierno, lo cual, nadie en su sano juicio podrá desmentir porque la mejor prueba está en la calle. Ante esta realidad, innegable, se concluye que entenderse oposición y oficialismo es en extremo urgente. No hay otro remedio.

Los venezolanos nos merecemos una nueva Venezuela. Una donde el distanciamiento se acorte, el rencor cese, el enfrentamiento termine, el entendimiento se concrete.

El gobierno debe corregir su rumbo; entender que no puede, a la brava, imponer su ideología; que mientras más endurezca su pretensión, mayor será el rechazo; su tarea inmediata es dedicarse a resolver problemas nacionales y no al atrincheramiento en el poder; a respetar la Carta Magna en todo y, en especial los Derechos Humanos.

Y los democráticos oponerse a esos intentos dentro del marco de la paz, porque la paz es el mejor soporte para construir la nueva Venezuela que todos queremos. Y es la que le llevará a la victoria electoral. Nadie discute que, si la oposición hubiese acudido a votar, unida y firme, mañana 5 de enero, entraría de nuevo victoriosa al parlamento. Primer gran paso para que, por la vía del sufragio, después arribe a Miraflores.

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