La verdad que la Cancillería oculta sobre nuestro Reclamo del Esequibo, por Ángel Ciro Guerrero

La derrota que al país le acaba de infringir la Corte Internacional de Justicia, en cuanto a que ese alto organismo perteneciente a la ONU, se declara competente para decidir sobre la validez o no del Laudo Arbitral, firmado en París en octubre de 1890, que fue trucado y mediante el cual Inglaterra hizo soberanía sobre los 160 mil kilómetros cuadrados al Oeste del Río Esequibo, gran parte de la culpa debe adjudicársele al desaparecido Hugo Chávez Frías. Fue público y notorio que, por su enfermizo afán de pretenderse líder continental, lo entregó al gobierno de Guyana.

Desde ya la decisión de la CIJ, desconociendo de plano el Acuerdo de Ginebra, firmado por Venezuela e Inglaterra, según advierten los estudiosos del derecho internacional, Guyana podría ser declarada dueña del territorio que históricamente es de los venezolanos.

Recuérdese que en su visita a Georgetown, Chávez oficializó el permiso de su revolución, recién llegada al gobierno, para que las autoridades guyanesas dispusiesen llevar a cabo allí, en lo que históricamente está probado es territorio de Venezuela, todos los proyectos que, hoy en día, constituyen una región-potencia, de extraordinaria fortaleza, en cuya geografía pululan desde nuevos asentamientos urbanos, a los que se llega por modernas carreteras; hasta presas, represas, explotaciones agrícolas y pecuarias, madereras, mineras, positivas exploraciones petroleras y, claro está, endurecido reforzamiento militar.

En suma, Chávez entregó El Esequibo, según lo denunciaron en su tiempo especialistas venezolanos y extranjeros. A ello lo llevó la solidaridad entre camaradas disfrazados de socialistas creyendo así ocultar su génesis comunista. Hay que leerse muy bien lo que entre líneas dijo Chávez en su discurso pronunciado en la capital guyanesa y las declaraciones dadas luego a nuestro país, a manera de explicación, ya tardía, de su antipatriótica y entreguista decisión, con la cual logró que Guyana se sumase al grupo de naciones que negociaron su apoyo en los foros internacionales al proyecto de grandeza y endiosamiento suyo a cambio de la ayuda generosa de la tan pródiga chequera que entonces caminaba por el mundo y América Latina.

La decisión de ayer viernes dictada por la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, que en la práctica pone en duda la soberanía venezolana sobre nuestro inmenso mapa Esequibo y pretendería reconocérsela a Guyana, ya se sabía. Corría por todas las cancillerías, se esperaba. Consecuencia cierta y directa, no de la torpeza sino de la ambición del desaparecido comandante de la llamada revolución bolivariana, traicionando al propio Padre de la Patria, el primero en advertirle al mundo en su tiempo y circunstancia que el Esequibo formaba parte del territorio que España, y no Inglaterra, había colonizado, desde los tiempos del Descubrimiento.

Lo del presidente Chávez es una verdad incontrovertible, que los escasos historiadores del oficialismo, con o sin carnet rojo, juraron silenciar; una verdad que, bien lo saben, les hiere y los convierte en cómplices de esa entrega que jamás perdonará la propia historia.

Lo que se recuerda de Chávez y su vergonzosa actitud está escrito. Los especialistas, no comprometidos con la ideología oficialista y sí con la patria, en el importante asunto de nuestra Reclamación, así lo confirman. La coincidencia de opinión es formidable. Todos apuntan que lo hecho por Chávez le cerró la puerta del Esequibo a Venezuela, y le entregó la única llave existente a Guyana, que no dudó en amurallarla. Igual, en los estrados en medio mundo. La prueba más reciente, es la decisión de la Corte Internacional de Justicia.

A tan definitiva medida, el canciller Arreaza respondió con un Comunicado en donde priva más el debilitado llamado a la paz que a la protesta. Desde luego que no se quiere una guerra, pero al pretendido rechazo de lo decidido por la Corte, el mensaje ha debido ser más contundente. Quizás el miedo que tienen los revolucionarios a que el pueblo les reclame la actitud entreguista de su desaparecido líder, o porque la vergüenza los tiene rodilla en tierra, reducidos, vencidos, les hace ser tan tímidos, por decir lo menos.

Si perdemos El Esequibo Chávez será el único presidente que lo habrá entregado. Desde El Libertador, reiteramos. Los jefes de Estado democráticos fueron todos firmes. Un ejemplo determinante el dado por el presidente Raúl Leoni. En su gobierno se firmó el Acuerdo de Ginebra, el que ahora se intenta una vez más desconocer. La Reclamación fue defendida asimismo con ardor por los dictadores Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Evangelista Pérez Jiménez, defendiendo en todo momento e instancias nuestra soberanía sobre ese territorio, tan nuestro como el Territorio Amazonas, nuestra gigante Guayana, nuestros imponentes Andes, nuestros inmensos Llanos, nuestro luminoso Oriente y nuestra Región Central.

La consigna “¡El Sol de Venezuela nace en El Esequibo!”, no se niega es buena como mensaje, y anima, sí, pero es sólo eso: una consigna. Lo afirmado por la Corte Internacional de Justicia, que el presidente Maduro apenas califica de “infame”, merece que, en todas nuestras capitales de estado, unidos unos y otros en firme muestra de auténtico y puro nacionalismo, desechando todo vestigio de violencia y exclusiones, sociales, económicas y sobre todo políticas, se marche por sus calles y avenidas como señal de rechazo.

A menos que el gobierno prefiera que los venezolanos se conformen con el escueto Comunicado y con las cuatro o cinco frases que sobre el angustiante hecho el presidente Maduro pronunció en su arenga de casi una hora, en el Salón Elíptico, la tarde de ayer viernes, defendiendo su asamblea constituyente y culpando al imperialismo estadounidense de todos los males que aquejan a la república.

Ángel Ciro Guerrero

Compruebe también

Las (E) lecciones de Morel por José Gregorio Rodríguez

Las (E) lecciones de Morel es el triunfo de la política por sobre la improvisación ante el fracaso del gobernador saliente