Otra mentira, por Manuel Avila

Los candidatos salieron a buscar los votos que nunca consiguieron porque la historia de que el sufragio es el arma de la democracia se quedó en un país de otro siglo. No en estos tiempos el voto vale igual que en el pasado porque la trampa fraudulenta lleva todas ventajas a favor del régimen. En ese saco cayeron  los alacranes que le vendieron el alma al Diablo por un plato de lentejas, pues entrar al túnel de la trampa sin un rosario es una jugada suicida.

Pero los enviados de los partidos arrinconados por la división política prefirieron pegar la mano a los billetes sucios que le dio el régimen para que actuaran como lazarillos de la mentira. Y le correspondió maniatar a sus militantes con hilos de pabilo para que entendieran que solo importa la legitimidad de un régimen que juega a aferrarse al poder por cualquier vía.

Ni la depuración de la data, ni el nombramiento de autoridades electorales equilibradas y menos la eliminación de la máquinas de la perversidad de Smarmatic pudieron mostrar para exhibir ante el mundo que es un proceso electoral transparente. Solo hicieron lo posible por conseguir fetiches que aceptaran la participación por encima de todas las cosas. De nada valió el mensaje que eran unas elecciones fraudulentas porque los alacranes Bernabé Gutiérrez de AD, Miguel Salazar de Copei, Luís Parra de PJ, los de VP, del PPT, del MEP y de los otros partidos manejados por el régimen solo les interesaba plata y poder.

Así llegamos al 6D con un proceso electoral frío y sin futuro. Nadie creyó que el CNE es un ente comicial puro y solo los hilos de la conchupancia partidista se muestran como la salvación de un modelo democrático que no tiene los argumentos jurídicos para evitar el colapso de nuestras instituciones. Es que a Venezuela le cayó la maldición de Fidel al tener instituciones confiscadas que se quedaron vacías en medio de las tinieblas del proceso.

Ir a relegitimar al régimen es solo competencia de lobos de las tinieblas que le venden el alma al mal por un puñado de dólares manchados de sangre. Por eso no se entiende como le vuelven a ver los ojos a los venezolanos los señores Bernabé Gutiérrez, Miguel Salazar, Luís Parra y el resto de los alacranes que aceptaron ir a medirse en condiciones de minusvalía electoral.

Eso es bueno que ocurra en un país de sabios donde la oposición tiene rato que perdió el rumbo en medio de actos de la trampa y el engaño. Por eso cuando el TSJ dividió a AD, a PJ y a VP se le vino el mundo encima y se marcó distancia del abuso de poder del régimen. De esa manera las palabras huecas de Claudio Fermín, los llamados alocados del gordo Salazar, los gritos del Piaroa, los lloriqueos de Henry Falcón y la locura de cuatro desquiciados que hicieron caso al fluir de su conciencia, terminaron sepultando el modelo de libertades democráticas.

Podrán realizar las elecciones y llevar a votar a miles de almas que en nada se parecen a un elector porque es una cosa de locos, pues es evidente que la miserable trama electoral de jugar contra la verdad democrática es parte de la idiotez tropical de los sembradores de maldad.

Lo que si es cierto es que los enemigos de la Venezuela de estos tiempos terminarán huyendo del país para no tienen una perra idea de lo que se está jugando en Latinoamérica. Y es que nos estamos jugando de nuevo la suerte del país y sin posibilidades de recuperar el prestigio perdido.

Saben los alacranes que no tienen gane porque el nivel de abstención nacional frisa el  70%  y nadie le tiende la mano a un fardo de bandidos sin alma que solo apuestan a quedarse con Venezuela para siempre. Por eso hacen esa jugada electoral corrompida por las decisiones del TSJ y que le dobló las patas a cuatro desequilibradas musarañas de la perdición nacional.

La fría campaña electoral y las visitas a los pueblos han sido comparsas de la mentira que muestran caras de idiotas  que creyendo  hacer patria se atrevieron a ir contra la decisión del pueblo. Y es que hasta los chavistas más enconados hace rato percibieron que es solo un bazar electoral donde el único objetivo es la relegitimación del proceso.

De todas formas el teatro electoral mostrará el 6D un ambiente enfermo con camilleros de todas las ideologías realizando movimientos alocados que hablan muy mal de la comedia electorera sacada de la manga del mago. Teníamos rato danzando sobre fuego y llegó la hora de fabricar un simulacro que muestra la cara grotesca de un episodio gris de la democracia venezolana.

Solo queda ver el desfile de patiquines vestidos de rojo que simularan ser actores de teatro en un tinglado recargado de maletines donde cobrarán sus beneficios los alacranes que apostaron solo a sus beneficios personales. Pero en los pueblos cuatro o cinco idiotas que creen en unas elecciones como un acto constitucional mantendrán hasta ese día su compromiso de traidores de la patria.

A eso jugó la revolución al dividir los partidos y dejar a los más vulnerables ante el billete cabalgando en las ancas de la perdición nacional. Pero serán etiquetados y marcados como caballos de la farsa para que más nunca vuelvan a aparecer como los salvadores de un país entregado a las jugadas tras bastidores y a unos movimientos de pícaros que sacarán pingues ganancias de su paso cruzado.

Solo se comerán sus mentiras los mismos allegados al proceso y los vendidos personajes de la ficción revolucionaria que le hipotecaron el alma a los malos por un puñado de hojas secas. Más vale la patria que los miles de millones de verdes que recibieron los fetiches del proceso.

Por ahora «Otra mentira» cae sobre los hombros de la Venezuela marginada que no encuentra la fórmula para soltarse del nudo mortal que le cargaron a su cuenta el sueño de la libertad. Por ahora nos limitaremos a ver pasar los vehículos militares llevando en su asientos a los mensajeros de la muerte de un país atrofiado que un día soñó con ser libre, pues como dijo algún pensador «Llegó la hora de verle las llagas a la verdad en un cementerio de cadáveres harapientos».

Encíclica/ManuelAvila

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