La importancia de la música como sanadora mental frente a la pandemia

“Ay, no hay que llorar que la vida es un carnaval. Que es más bello vivir cantando. Oh, oh, oh, ay, no hay que llorar. Que la vida es un carnaval. Y las penas se van cantando…”. Ya lo decía Celia Cruz en su famoso tema. O el grupo Play en: “Canta que la vida es una fiesta, que no hay mal que por bien no venga. Ni pena que no se cura cuando cantas mi canción…”.

La música sana, acompaña, emociona. Puede ayudar a construir nuestro bienestar. Hoy más que nunca, en estos tiempos desafiantes a raíz de la pandemia por COVID-19, donde las preocupaciones los miedos, el ánimo caído, o la ansiedad por momentos parecen ganarle la pulseada al bienestar. Es allí cuando esta herramienta, tan a mano, tan humana, tan sencilla, y a la vez tan sublime, puede contribuir en el camino de estar mejor y porque no de perseguir la felicidad.

Tan importante es su rol que la temática tuvo un lugar especial en el Simposio Virtual de Neurociencias y Bienestar de la Fundación INECO, “Construyendo la neurociencia del bienestar durante y después de la pandemia”, que se realizó el pasado 28 de octubre.

Más 15 profesionales de todo el mundo se unieron para brindar herramientas en pos de mejorar la salud mental en estos tiempos en que el COVID 19 la desafió fuertemente. Lo alentador es que más allá de las adversidades y circunstancias externas y medio ambientales, tenemos la capacidad de construir nuestro bienestar. En el marco del simposio el neurólogo Facundo Manes explicó: “En los últimos años aprendimos que nuestro cerebro se transforma de manera constante a lo largo de la vida y que cada uno de nosotros puede influir de manera positiva en este cambio permanente. Las decisiones influyen en nuestra salud y bienestar. La genética explica parte de nuestro bienestar, alrededor de un 30%. Pero la ciencia avanzó y determinó que se puede ampliar ese porcentaje mediante acciones que nos reporten satisfacción y felicidad. Así, nuestro bienestar en parte se construye. Podemos hacer mucho para alcanzar el bienestar”.

La profesora Kay Norton, de Arizona State University, Estados Unidos fue una de las encargadas de explicar la relación entre el canto y la construcción del bienestar. “Cantar activa más regiones del cerebro que hablar. Y lo que cantemos hoy puede influir en el futuro. Cantar involucra lo lingüístico y musical por eso, compete a más áreas del cerebro. Son muchos sus beneficios: puede ayudar a recuperar el discurso en situaciones de demencia y después de un traumatismo cerebral; ayuda en el mal de parkinson; mejora la función inmune; activa el sistema de recompensa y motivación; y favorece el sentido de pertenencia grupal”.

Norton expuso varios ejemplos donde la música acompañó procesos terapéuticos. “Una diputada de Arizona, después de sufrir una lesión cerebral provocada por una herida de bala, se sometió a una terapia de entonación melódica para recuperar el discurso. También, en la enfermedad de Parkinson la música puede ser una guía para recuperar el movimiento, inclusive para poder caminar de manera más coordinada. Además, de reducir en los pacientes los niveles de depresión y estrés”.

Entre la lista de bondades y beneficios, enumeró la capacidad de fortalecer el sistema inmune, de influir en el estado de ánimo bajando el mal humor y aumentando el bienestar. “Cantar estimula el área de recompensa del cerebro y genera oxitocinas y endorfinas. En relación a la pertenencia a un grupo, en el canto coral, en personas con problemas familiares, de depresión, de luto reciente, discapacidades, reportaron que sus problemas quedaban “congelados” y se sentía más alegres y menos ansiosos”. Y finalizó: “Cantar es sencillo, gratis, y no importa si lo haces bien o mal. Por eso los aliento a cantar con pasión y, moverse y bailar al compás de la melodía”.

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