La Venezuela que queremos, por Morel Rodríguez Ávila

Nuestro Padre de la Patria nos imaginó una nación grande y soberana. La quiso y luchó para lograrla. Su espada la fue construyendo y con su sangre haciéndola real y única. El Libertador murió sin verla realizada, pero su ejemplo, su firmeza y resolución sobrevivió sin embargo, a pesar de tanto error cometido con su sueño por muchos de los llamados herederos suyos. La patria se fue haciendo a sobresaltos y pudo, en cada tiempo y circunstancia de su historia, vencer toda clase de obstáculos hasta constituirse como un escenario de grandeza y ejemplo, así por los restantes pueblos del mundo reconocido.  

Venezuela, sin lugar a dudas, superó adversidades, enfrentándolas, venciéndolas, fortaleciéndose con el aporte de todas y todos empeñados en culminar la obra emprendida por su creador, el Genio de América. Fue un compromiso que se contrajo, se respetó y se fue cumpliendo, a veces con pasión, otras de modo débil y en ocasiones bajo el miedo. Militares y civiles, liberales y conservadores. Demócratas y dictadores participaron en esa tarea mereciendo el aplauso e igualmente el rechazo, pero la nación sobrevivió, aceró su espíritu y su pueblo se hizo dueño de su destino, por obra y gracia de la tenacidad, de la voluntad de quienes de verdad la amamos; de los que no la utilizamos para usufructuarla, para expoliarla, sino para engrandecerla a punta de trabajo y no a costillas de un falso nacionalismo sino llevándola, sintiéndola en el corazón. 

La patria que queremos es la soñada, insistimos, por nuestro Simón Bolívar, el que la ideó, la luchó, la independizó y en todo ese gigantesco esfuerzo fue el primero y seguirá por siempre siendo el único y verdadero. Jamás nadie podrá ni siquiera tratar de igualársele así tenga a su servicio a quienes, para alabarlo, reescriban la historia a conveniencia.  

Es una patria libre y próspera, donde su gente vuelva a tener oportunidades reales de mejoría económica y social; las libertades, todas, no sean conculcadas, los derechos humanos protegidos, defendidos, garantizados; que el crecimiento sea altamente positivo y de sus beneficios participen, sin distinción alguna, la totalidad de su gente. Una patria donde el respeto a las tradiciones no se pierda, que sus valores no se olviden. Una patria en la cual la solaridad se nutra con la fraternidad y uno solo el interés nacional y uno solo e irrevocable el propósito: Venezuela.: 

La Venezuela que queremos es una en donde no se mueran nuestros niños por inanición; que la miseria no crezca como la mala hierba; que el Estado le procure la mejor atención posible al ciudadano; que los servicios públicos funcionen; que la Justicia se imponga por justa, no por injusta; que el corrupto sea juzgado y sentenciado sin exclusiones; que el funcionario que no sirva se despida; que exista seguridad en todo y para todo; que los beneficios no se queden en grupitos sino que lleguen a todos los sectores; que unos y otros terminen de entender que todos somos necesarios y que el país es de todos no de algunos; que los partidos políticos reafirmen su compromiso de ser instrumentos para buscar la felicidad del colectivo y no de apenas los suyos. Cosas muy sencillas, pero puntuales que, cumpliéndolas cabalmente, nos darán fuerza para emprender lo grande: la reestructuración de la nación, para que regresen la paz cierta y duradera, el progreso y el desarrollo paralizado, sólo posibles en democracia. 

No queremos una Venezuela pretendiendo ser potencia ni menos escenario para que, ideológicamente, pueda imponerse en el continente; una Venezuela que respete los acuerdos internacionales; que no viole leyes; que se relaciones con todos los pueblos del mundo sin entreguismo de cualquier clase; sin comprar solidaridades sino ganársela con buenas acciones de cooperación porque la paz sea finalmente concreta. 

En fin, una Venezuela muy distinta a la del presente en todo sentido. La actual no es la que El Padre Libertador soñó, ni la que el pueblo merece. 

@MorelRodríguezA

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