La historia de la mujer “más besada del mundo”

Hace 60 años, una misteriosa mujer irrumpió en el mundo de la medicina. Con sus rasgos se había moldeado la cara de Resusci Anne, el maniquí con el que millones de personas en todo el mundo han aprendido reanimación cardiopulmonar o RCP.

Son muchas las historias que se comentan sobre la mujer que en algún momento de finales del siglo XIX, se ahogó y el cuerpo fue recuperado del río Sena sin que nadie lo pudiera reconocer.

Entre las historias destaca que al patólogo de turno le fascinó tanto el rostro de la chica que le pidió a un fabricante de máscaras que hiciera un molde de yeso de la cara. Poco después, la máscara empezó a aparecer a la venta y la cara de la joven se convirtió en una musa para artistas, novelistas y poetas.

Otros narran la historia de una joven inocente del campo que llega a París, es seducida por un amante rico y luego abandonada cuando queda embarazada. Sin nadie a quien recurrir, se tira a las aguas del Sena, como una Ofelia moderna.

En 1955 un noruego llamado Asmund Laerdal salvó la vida de su hijo, Tore, sacando el cuerpo sin vida del niño del agua justo a tiempo y despejando sus vías respiratorias. En aquel momento, Laerdal era un exitoso fabricante de juguetes, que se especializaba en la producción de muñecas y modelos de autos con un nuevo tipo de plástico suave.

Cuando le pidieron que hiciera una herramienta para usar en la enseñanza de una nueva técnica de resucitación llamada RCP (reanimación cardiopulmonar) -la combinación de compresiones y el beso de la vida que puede salvar la vida de un paciente cuyo corazón ha dejado de palpitar-, la experiencia con su hijo unos años antes lo hizo muy receptivo. Desarrolló a un maniquí de torso o cuerpo entero que simula a un paciente inconsciente que requiere RCP

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