Alfredo Díaz: cuatro años perdidos por José Gregorio Rodríguez

Cuando el pasado 15 de octubre se cumplieron 4 años de la elección de gobernadores del 2017 y el Ejecutivo Regional no hizo nada importante para recordar esta fecha, por primera vez en estos 48 meses estuvimos de acuerdo con su proceder.

No podía ser de otra manera, el gobernador Alfredo Díaz y su gobierno, no tienen nada que mostrar que valga la pena ser exhibido, en lo que a la obra de gobierno respecta, a sus ejecutorias.

Se cumplieron cuatro años de la elección del peor gobernador que ha tenido Nueva Esparta, desde que el 3 de diciembre de 1989, se produjo por primera vez la elección de mandatarios regionales en nuestro país, los cuales, hasta esa fecha, eran designados por el presidente de la república.

Muchas veces nos hemos referido al tema, pero intentaremos resumir en estas líneas lo que denominamos un cuatrienio para el olvido.

La verdad es que el gobernador Alfredo Díaz, no perdió su tiempo, desde el primer día comenzó “poniendo la torta”, traicionando su propia palabra y actuando en contravía del sentimiento de sus electores.

Cuando la entonces presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Delcy Rodríguez, anunció que los gobernadores electos en octubre del 2017, debían juramentarse ante la ANC, Alfredo Díaz, comenzó con su errático proceder. Fue el primer gobernador que declaró que no se juramentaba frente a una “ilegítima ANC”, pero no siguió los pasos del también gobernador electo del estado Zulia, Juan Pablo Guanipa.

Inauguró entonces su “estilacho” de las asambleas móviles, cuando en un autobús dispuesto para tales fines, “movilizó” a los hoy enchufados en el gobierno regional, para que en varias reuniones dijeran que el pueblo de Nueva Esparta respaldaba que se juramentara en la ANC.

Le correspondió entonces junto con los otros tres gobernadores electos de la oposición, ir a jurar una tarde cualquiera en la oficina de la presidenta de la ANC.

Desde ese momento inauguró un modo de gobernar Nueva Esparta que todavía nadie ha entendido. Declaró que la presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez, y el entonces vicepresidente ejecutivo de la república, Tareck Al Aissami, eran sus nuevos mejores amigos y que le enviarían cualquier cantidad de recursos para atender las necesidades de los pueblos de Margarita, Coche y Cubagua.

Lo triste del asunto es que nunca estos, ni ningún otro funcionario le ofreció nada que no le hubiera cumplido, sino que él en su particular delirio, asumió que como lo trataban con respeto y consideración significaba que tenía a los funcionarios del alto gobierno en el bolsillo y que estos actuarían de acuerdo con sus insólitos requerimientos.

Fueron los días de la locura en su máxima expresión, cuando no sólo proclamaba que estos funcionarios eran sus nuevos mejores amigos, sino que además intentaba intimidar a la dirección política regional del PSUV con semejante predica y alardeaba frente a los empresarios de la región. Hasta pasar un fin de semana en Margarita tomando escocés mayor de edad invitó a varios miembros del alto gobierno.

No habían transcurrido 10 días de su elección y ya Alfredo Díaz y su gobierno, comenzaban a “estresar” al pueblo neoespartano. Llega el 26 de octubre y le corresponde acudir al Consejo Legislativo de Nueva Esparta (CLEBNE), a jurar el cargo. Su segunda juramentación pues.

Ese día pronunció un discurso que no tiene desperdicio. Nada, absolutamente nada de lo que allí ofreció se materializó en estos cuatro años:

«Los próximos 100 días serán de alegría y de compromiso para los neoespartanos. No hay duda de que hoy más que nunca nuestro pueblo necesita una microcirugía urbana. Tenemos que empezar a trabajar para garantizar los servicios al pueblo y también para que nuestro turismo sea una bandera importante para el crecimiento de ese pueblo, para el fortalecimiento de la economía de Nueva Esparta que hoy está devastada totalmente. Les pido la confianza que me dieron. Nosotros la vamos a retribuir con amor y dedicación para engrandecer y dar lo mejor para que todos mejoren su calidad de vida».

Han pasado más de 1.460 días, 4 años y unos cuantos días más y el gobernador no sólo no hizo lo que ofreció para sus primeros 100 días de gobierno, sino que Nueva Esparta se encuentra en estado deplorable.

En ese lapso, dejamos de ser la región del país con la mejor y más eficiente empresa de recolección y disposición final de los desechos sólidos para, por obra y gracia del gobierno regional, convertir el Sistema Ambiental Neoespartano de Aseo y Residuos (Sanear) en una chatarrera de camiones inservibles.

En lo que a la oferta de una microcirugía urbana respecta, también se aprecia la gestión del gobernador. Son verdaderas maniobras quirúrgicas las que a diario deben realizar los conductores por estas latitudes, por la cantidad de huecos que adornan la vialidad a lo largo y ancho de la geografía insular.

Solo me referiré al ambiente y la vialidad, por la estrecha vinculación que tienen con el turismo, otro de los asuntos que el gobernador se comprometió a trabajar en esa declaración. Ni servicios, ni turismo. Para no profundizar en el asunto de la seguridad ciudadana, donde abandonó todas las competencias de coordinación y elaboración de políticas públicas que le otorgan las leyes de la república y activó la “Misión Lágrima”, que es el recurso al que acude el gobernador y sus funcionarios en esta área, cada vez que declaran al respecto. Llorar y llorar porque no tienen policía.

Para qué hablar de la transversalidad de su gestión y el impacto de su obra de gobierno en la cotidianidad de los habitantes de estas islas para elevar su calidad de vida. Ni en educación, ni en salud pública, ni en vivienda. En nada se destaca su gris pasantía por la gobernación.

En el clímax de su “auto adoración” llegan las elecciones de alcalde de diciembre del 2017, y desde las “sombras”, donde se desenvuelve con mayor facilidad el gobernador, a pesar que su organización partidista para ese entonces convoca la abstención, decide participar postulando candidatos para los 11 municipios de Nueva Esparta y a la final, obligado por las circunstancias decide retirar su aspirante en Maneiro (Pampatar), único municipio donde, por cierto, la oposición alcanzó la victoria en esa oportunidad.

Así comenzaba su gestión política como “líder único” de la oposición insular. Con la “mamá de las derrotas”.

Desde ese entonces, la oposición conducida por Alfredo Díaz, no alcanza ninguna victoria. Sin concejales, sin legisladores regionales, sin nada que exhibir, solo derrotas, lo cual lo convierte también en el único gobernador a quien sus postulados a cualquier cargo público, no los respalda el pueblo en ninguna oportunidad.

Así llega a las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre del año pasado, donde por fin uno de sus candidatos obtiene un cupo de los siete en disputa a la Asamblea Nacional.

¿Para qué le sirvió eso? Pues para traicionar a quienes lo acompañaron en su participación en esa contienda electoral y mantener su candidatura a la gobernación a pesar de aparecer último, bien lejos, en todas las encuestas.

La verdad nada que celebrar por los cuatro años de la elección de Alfredo Díaz como gobernador de Nueva Esparta, sino ver cómo nos las arreglamos para llegar al final de este calvario, el cual definitivamente tiene fecha de expiración. El 21 de noviembre del 2021.

JoséGregorioRodríguez

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