El Valor de un compromiso por Morel Rodríguez Ávila

Los insulares tienen fama de honrar la palabra, una verdad que de generación en generación se trasmite, se cumple y se respeta. Ha sido y sigue siendo motivo de orgullo y nos retrata como pueblo que tiene bien clara y definida cuál es su responsabilidad en la sociedad, un asunto que a todos enorgullece y distingue en el mapa social venezolano.

Esa valoración tiene asidero en numerosos ejemplos a lo largo de nuestra historia y, quizás uno de ellos, muy valioso, lo constituyó el reconocimiento que le fuese hecho por el generalato de los llamados Libertadores de Oriente, liderados por los margariteños Santiago Mariño y Juan Bautista Arismendi, en Santa Ana del Norte, al Padre Bolívar que significó el compromiso de acompañarle bajo su jefatura hasta conseguir la Independencia, como en efecto así ocurrió.

Recordemos que Margarita fue la segunda provincia en reconocer a Venezuela soberana y, años más tarde, advenida la democracia, numerosos fueron los insulares que la promovieron y defendieron protagonizando hechos fundamentales de su asentamiento como sistema de gobierno. Actuando desde distintos sectores, políticos, intelectuales, artistas, empresarios, profesionales, trabajadores, campesinos, pescadores, estudiantes, transportistas, acompañados de la buena gente venida de otras tierras a la nuestra que hicieron suya, igualmente trabajaron por lograrle a Nueva Esparta un provechoso futuro. Un compromiso ineludible.

Unos y otros, en su tiempo y circunstancia, se comprometieron y cumplieron con su terruño y con el país. Las pruebas que avalan su honroso proceder quedaron registradas en la historia del acontecer republicano.

En todos esos actos desarrollados, incluso a costa del supremo sacrificio cuando el destino lo indicó, quedó enmarcado en la conciencia el valor del compromiso que adquirieron con la tierra insular, valorándola como principal objetivo y primordial interés. Y así ha venido sucediendo entre aquellos, la inmensa mayoría de neoespartanos responsables, que cuando empeñan la palabra cumplen honrándola, lo cual termina traduciéndose en el mejor aporte personal de cada uno de los que sí aman, respetan, defienden y luchan por el bienestar colectivo del pueblo insular.

El valor del compromiso, asimismo, se representa en la tarea diaria, en la faena que se cumple en cualquier sitial que se le haya encomendado que, sin duda, va acrecentando el trabajo de mejoría y engrandecimiento, en fortalecer el significado, en todo sentido, de lo que es la más sincera y productiva margariteñeidad.

Nosotros, y lo decimos francamente, estamos entre esa mayoría de cumplidores de compromisos; de los que honramos la palabra, de los que valoramos el esfuerzo, de quienes respetamos las ideas del circunstancial adversario, de los que nos alegramos por el esfuerzo de todos a favor de todos.

El valor del compromiso, especialmente hoy en día adquiere mayor significado dada la condición de insularidad que Nueva Esparta tiene, que cada vez más obliga a una mayor dependencia de tierra firme, y porque en los últimos nueve años antes que promover progreso y desarrollo lo que se ha generado es desidia, irresponsabilidad, insensibilidad y parálisis.

Esta situación, muy grave, sin lugar a dudas, obliga a pensar muy bien en el qué hacer para revertir lo que a Nueva Esparta le ocurre. No es cuestión de gritar a los cuatro vientos un rosario de promesas irrealizables, mensajes populistas, demagogos y mentirosos, calificándolos de compromisos, sino de verdades concretas y posibles, porque ya pasó el tiempo de los habladores de gamelote, de los vendedores de baratijas en feria.

@MorelRodríguezA

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