El club de los Políticos Tóxicos por José Gregorio Rodríguez

Definitivamente existen personas tóxicas, peor aún, que intoxican a los demás. Empecemos por el principio ¿Qué es una persona tóxica? Según una definición de fácil comprensión: “la gente tóxica es aquella que, sin parecerlo, inunda el ambiente de emociones negativas gracias a su capacidad de manipular de forma prácticamente automática e inconsciente para nosotros. El resultado son estados emocionales negativos intensos y cierta sensación de no poder hacer nada”.

También existe el liderazgo político tóxico y los dirigentes que los practican. Sobre este particular, el sociólogo y mejor amigo, Eduardo Pizarro, publicó un artículo de opinión titulado: “Líderes políticos tóxicos ¿Cuáles son sus rasgos?” en el diario El Tiempo de Bogotá, el 09 de noviembre del 2020, el cual aplica a los efectos del comentario que hoy queremos compartir con ustedes.

Pero antes queremos advertir que cualquier parecido con el gobernador Alfredo Díaz y su gobierno, en este caso, no es producto de la coincidencia, sino parte de la terrible realidad que hemos sufrido los habitantes de estas islas los últimos cuatro años.

Sostiene Pizarro, que el primer rasgo característico de estos que él ubica como parte del liderazgo tóxico, es que tienen un trastorno de personalidad narcisista (o “narcisismo maligno”, como lo denominaba el psicólogo social alemán Erich Fromm). “Este es un desarreglo mental que sufre una persona debido a que tiene un sentido desmesurado de su propia importancia, así como una necesidad excesiva de atención y admiración. Creen que el mundo gira a su alrededor. El narcisismo hace referencia al mito de Narciso, quien, embelesado con su propia imagen reflejada en el agua, terminó ahogándose en una fuente al intentar besar su bello rostro”.

Según Pizarro, este trastorno, trasladado al terreno político, fue denominado en 2008 por el neurólogo y miembro de la Cámara de los Lores David Owen como el “síndrome de Hubris”. Los griegos utilizaban el término hubris o hybris para referirse al exceso de arrogancia que impulsa a un individuo a sobrepasar todas las barreras que limitan sus acciones y deseos, sin importar los desastres que puedan causar en una sociedad.

Continua  su extraordinario artículo Eduardo Pizarro, señalando que los principales rasgos de un político afectado de un trastorno de personalidad narcisista son los siguientes: una propensión a ver la acción política o la gestión gubernamental como el espacio para alcanzar la gloria personal y no el bien común; una predisposición desmesurada a actuar en función de su propia imagen; una actitud mesiánica y prepotente derivada de un gran desdén por la crítica e, incluso, por los consejos de sus asesores, una gran temeridad a la hora de decidir estrategias, sin consideración por los riesgos, derivado de una actitud impulsiva, comportamientos destructivos y una total ausencia de remordimientos.

Así mismo, se caracterizan por una pérdida progresiva del contacto con la realidad, debido a su tendencia innata hacia el autoengaño, y, finalmente, una tendencia a construir un mundo binario compuesto de amigos y enemigos.

Sin embargo, según los estudios psicológicos, detrás de esta máscara de seguridad extrema se esconde una autoestima frágil que hace muy vulnerables a estos líderes a la crítica más leve, frente a la cual reaccionan con gran hostilidad.

Particularmente, los políticos narcisistas sufren, en estos tiempos de revolución de las redes sociales, de otra afección adicional que podríamos denominar “trastorno de atención mediática”. Enfermos de la necesidad de la exposición permanente y con tal de recibir la atención que su autoestima y su imagen inflada requiere, están dispuestos a cualquier cosa: exagerar, mentir, insultar, lanzar mensajes de odio. Su ego está íntimamente relacionado con el número de seguidores en sus redes sociales. Por ello, solo envían mensajes agresivos para que se vuelvan tendencia.

Otro rasgo que caracteriza a este tipo de «líderes» es que se niegan a aceptar la derrota, que perdieron el afecto del pueblo y que deben abandonar el poder.

Estamos convencidos que los neoespartanos padecemos en este momento los rigores de un gobierno regional dirigido por un connotado miembro del Club de los Políticos Tóxicos.

Es increíble observar en las redes sociales como día tras día el gobernador y sus más cercanos colaboradores y socios políticos, se alaban entre ellos, exaltan falsas virtudes y exhiben inexistentes victorias.

Lo que es peor aún, son seguidos por los mismos comentaristas de siempre, unos más adulantes que otros, pero con dos características fundamentales: compiten entre ellos para ver quien eleva más alto el elogio al líder y, además, quien descalifica con mayor saña, sin respeto ni consideración alguna al contrincante, especialmente si este es de la oposición.

Siempre son los mismos, ya no tienen por donde crecer, la gente ya no les cree y perdieron el afecto del pueblo. Deberían entender que su mejor momento ya pasó y no supieron aprovechar la oportunidad, para avanzar por sobre las adversidades y hacer algo, tan solo algo, que la gente pudiera recordar como una realización de este mal gobierno.

Nueva Esparta merece algo mejor que lo que tenemos. Los ciudadanos de Margarita, Coche y Cubagua, exigimos un gobierno que una a la mayoría de sus habitantes, en el propósito común de construir un mejor destino para todos.

José Gregorio Rodríguez/Jotaerre577@gmail.com

 

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