A mediados de siglo XXI habrán 130 millones de personas con demencia

El biólogo molecular Christian Haass describe en una entrevista con DW cuánto ha avanzado la investigación en torno a las enfermedades neurodegenerativas. Ya sea Alzheimer, Parkinson o demencia: aún hay mucho por hacer.

DW: Profesor Haass, actualmente hay casi 50 millones de personas con demencia en todo el mundo. Según estimaciones, esa cifra aumentará a 130 millones a mediados de este siglo. Como sociedad, ¿estamos prestando la atención necesaria a la enfermedad de Alzheimer, al Parkinson y a otras enfermedades neurodegenerativas?

Christian Haass: Desafortunadamente, la investigación sobre enfermedades neurodegenerativas todavía no cuenta con la financiación necesaria si se tiene en cuenta la cantidad de pacientes que se verán afectados tarde o temprano.

En Alemania surgió una iniciativa fantástica, hace más de diez años, con el Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE): en diez emplazamientos diferentes, dentro del marco de la Asociación Helmholtz, repartidos por toda Alemania, los que trabajan juntos como un solo instituto: el DZNE. Nos apoyan con mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que cubrimos todas las áreas: desde la investigación en Enfermería hasta la Biofísica.

Por supuesto, también se nos pide que desarrollemos estrategias terapéuticas. Y cuando se analiza la cantidad de dinero que las empresas farmacéuticas necesitan actualmente para la investigación clínica, a menudo este no es suficiente. Si nos comparamos con EE. UU., todavía no contamos con los fondos necesarios para la investigación del Alzheimer.

Aún así, en Alemania se investiga mucho sobre demencia. ¿En la práctica, qué ha cambiado para los investigadores como resultado de la creación del DZNE?

El DZNE ha logrado, en realidad, aglutinar todas las áreas de trabajo e intereses. Al tener estos diez emplazamientos en toda Alemania, que también cooperan con las clínicas universitarias, ha sido posible establecer un instituto en el que la investigación básica y la práctica clínica van de la mano.

¿Cómo se ve eso en la práctica?

Por ejemplo: yo solicité uno de estos institutos con un nuevo edificio para Múnich con la ayuda del DZNE, y lo obtuve, con todo lo necesario. Somos doce grupos y trabajamos en una amplia variedad de aspectos de la enfermedad de Alzheimer, desde la investigación fundamental hasta las clínicas, y todos bajo un mismo techo.

Para mí fue un avance radical, profesionalmente hablando. Tan radical, que en mi primera mañana de trabajo aquí pensé que tenía un nuevo empleo. Es completamente diferente a lo que solía hacer.

De la noche a la mañana, mi tarea cambió completamente y para mejor. La interacción con los distintos grupos de trabajo y los médicos me abrió perspectivas completamente nuevas. Ese es un sueño imposible para todos los científicos. Se nos ha dado, literalmente, una torre de marfil en la que se puede trabajar de manera excelente y donde siempre se puede encontrar una persona de contacto competente con respuesta a todas las preguntas.

¿Cómo se combinan las clínicas y la investigación en Múnich?

Por un lado, tenemos una clínica de día con muchos pacientes. Aquí trabajamos, por ejemplo, con pacientes que padecen la enfermedad de Alzheimer por herencia genética. El edificio está justo enfrente del departamento de Neurología.

Por ejemplo, realizamos PETs (tomografías por emisión de positrones, un método para hacer visibles los cambios específicos del Alzheimer en el cerebro) en pacientes, con los mismos marcadores que en la habitación contigua, donde investigamos con nuestros ratones. Es decir, que los estudios van en paralelo.

Algo así hubiera sido completamente impensable en el antiguo instituto. Antes no podía trabajar conjuntamente con pacientes y médicos. Y de manera interdisciplinar no trabajé nunca, porque no había personas de contacto en el centro de la ciudad.

¿Qué pasa con la colaboración entre los investigadores? Existen hipótesis de trabajo contradictorias.

Me sigue molestando que a los científicos se nos muestre de esa manera, es decir, como si todos trabajásemos unos contra otros, o como si cada uno solo tuviera su propia hipótesis y solo pensara que esa es la correcta.

Por ejemplo, solían enfrentar a los Mandelkows (Eva-Maria y Eckhard) y a mí de esta manera: «Los Mandelkows trabajan con el péptido beta amiloide; Haass con la proteina Tau (dos depósitos diferentes que tienen lugar en la enfermedad de Alzheimer), y son enemigos». Es una completa tontería: los Mandelkows son muy buenos amigos, tanto en el campo de la ciencia como en lo personal. Nos llevamos muy bien y, desde el principio, cuando regresé de Estados Unidos, pensamos que teníamos que conectar las dos áreas, ya que están vinculadas indefectiblemente. Unimos los campos de investigación sobre la Tau y el beta amiloide por primera vez en Alemania y desarrollamos proyectos conjuntos para científicos en ambos ámbitos.

El catedrático Christian Haass es el portavoz del DZNE en Múnich. Su estudio se  enfoca en la neurodegeneración molecular. Además, es profesor de Bioquímica en la Universidad Ludwig Maximilian, de Múnich. Su investigación se centra en la formación de placas en el cerebro de los pacientes con Alzheimer y en el papel de las células de la microglia en la respuesta inmune a la inflamación típica de la enfermedad de Alzheimer. En 2018 recibió el Premio Cerebro de Comunicación Científica.

Entrevista fue realizada por Fabian Schmidt

Notiespartano/DW.com

Compruebe también

Así afecta la menopausia a las relaciones sexuales

El 53 por ciento de las mujeres afirma que mantiene menos relaciones sexuales tras la …