La unidad hoy más que nunca necesaria, por Morel Rodríguez Ávila

Pues la verdad es que en las últimas semanas del año por terminarse el tema de la unidad, necesario de tener siempre presente, se ha dejado de lado. Tan peligroso olvido si a ver vamos, es imperdonable. Tratemos de explicarlo, de manera que no nos quede nada de qué arrepentirnos por culpa de no entender que ocuparse del inmediato futuro, es tarea que requiere, precisamente, cuidar que el importante asunto de la unidad no se sustraiga ni un solo instante de nuestras preocupaciones fundamentales en la complicad vida de hoy en día atosigante en todo sentido, sin lugar a dudas. Relegarlo es abrirle la puerta para que se vaya rumbo al olvido. Es no importarnos que el fin último, la esperanza mayor, el objetivo en síntesis no sea otro distinto que encontrar la solución, dentro de la legalidad, que concrete el pronto término de la crisis en que Venezuela se debate. En definitiva, sería el tiro de gracia. El sentimiento, la intención, la urgencia de la unidad no debe abandonarse. Hacerlo, significaría declararnos vencidos, en suma, rendirnos, arriar la digna bandera de la democracia ante el amenazante dúo de la hoz y del martillo.

Proseguir convocando a la unidad es, por tanto, una obligatoria faena, una labor fundamental, que la Venezuela libre le agradecerá a quienes la mantengan como compromiso insoslayable. Sin la unidad resultará del todo imposible. Cualquier sano propósito no podría concretarse porque, y de total acuerdo con el sabio refrán, ningún palo solo hace montaña. Se precisan voluntades, muchas, para que se estructure un proyecto y su ejecución sea realizable. Además, con la participación, en caso de darse, el éxito será compartido, lo cual alegara´, motivará y ayudará a que sus beneficios sean múltiples y puedan ser recibidos por la mayoría. Sin ella, los sueños buenos no se realizarán y la frustración será tan grande como dañina. La unidad, entonces, hoy más que nunca es necesaria. Y en cuanto al asunto político se refiere, la unidad es base, columna y asentamiento indispensable para que cualquier propuesta encuentre no sólo camino expedito entre el sector o los sectores que se pretendan como receptores, sino que, mediante la unidad, el expositor o los expositores ganarán la mayor suma de adhesiones.

Si se la mantiene como propósito, insistimos, habrá éxito finalmente. Porque su mensaje será entendido, aceptado y la disposición a concretarlo también permitirá alcanzar los objetivos propuestos. Muy simple como razonamiento, sí, pero supremamente difícil el trabajo de convertirlo en realidad, y ello es posible si su llamado se hace con constancia, perseverancia y, en especial, con entrega a la causa que se profesa. Por supuesto que, como reto, demanda el cumplimiento de variadas formas o medidas que, cada una o en su conjunto, son las que finalmente la harán posible. Entre otras, resalta, primero, la sinceridad en el motivo, segundo, la firmeza en plantearlo y, tercero, la promesa de cumplirlo. Siendo así, la unidad, entonces, será la base real y verdadera del proyecto que se proponga.

Sin la unidad, todo lo que arriba se ha señalado, nos permitimos advertir, no generará positivos resultados. Por el contrario, el fracaso será estruendoso.

Y esta es la situación que en los tiempos actuales acosa a Venezuela, donde las indefiniciones evidencian debilidades y las pugnas internas en las instituciones llamadas a dirigir impiden visualizar el horizonte, la unidad se va dejando atrás, disolviéndose por culpa de las ambiciones de un liderazgo encasillado apenas en resolver lo que favorezca a su parcelamiento ideológico, grupal o personal, y no lo que la mayoría grita.

Morel Rodríguez

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